Los Motivos de la Polémica

Al igual que otras formas de cultura popular lo fueron en su momento, los videojuegos son a día de hoy una fuente de preocupación para buena parte de la sociedad. Veamos cuales son sus temores principales. Señalaré también brevemente la defensa más común a estos ataques. Iremos desarrollando a lo largo de las siguientes entradas éstos y otros debates. No voy a citar en esta entrada las fuentes, ya que el objetivo es dar un repaso superficial a la polémica. La siguiente entrada voy a dedicarla precisamente a citar y resumir las fuentes más relevantes. A continuación señalo los puntos clave.

La violencia: el problema clásico por excelencia. El temor de que la violencia ficticia acabe generando violencia en el mundo real.

Se han realizado numerosos estudios psicológicos y éstos se contradicen entre sí. La comunidad científica no ha encontrado vínculos claros entre violencia virtual y violencia en el mundo real. En algunos países como Estados Unidos, el crimen ha bajado drásticamente coincidiendo con el crecimiento del sector. No estamos diciendo con esto que los videojuegos reduzcan la violencia, pero parece claro que no producen un incremento de la misma.

La adicción: el éxito de los juegos radica en su adicción. Se les acusa de reducir la socialización de los individuos, fomentar el aislamiento y empeorar el rendimiento escolar. También se asocia a la obesidad y el abandono de otras actividades como el deporte y la lectura. Dado que abarca varios temas, voy a desarrollar esta idea un poco más.

En este punto hay que destacar que, como todo, incluso comer, si no se hace con moderación puede ser perjudicial.

Respecto al rendimiento escolar, puede parecer más cómodo mirar a otro lado que intentar ver si el problema no se encuentra en nuestro sistema educativo. Por otra parte, hay científicos que defienden que los videojuegos aportan una contribución positiva en nuestra formación intelectual y estimulan el cerebro.

En el tema del aislamiento, habría primero que plantearse si los videojuegos no ayudan a socializar. No nos referimos sólo a los videojuegos online, donde uno puede hablar con gente de otras provincias o incluso de otros países, sino también a los torneos y competiciones que se organizan para jugar o los grupos de amigos que quedan en un cibercafé para pasar un buen rato jugando en red. Aunque jugar solo es atractivo en muchos videojuegos, normalmente se decide jugar cuando no es posible quedar con los amigos (y aquí me refiero para cualquier actividad).

Si los videojuegos pueden crear obesidad o no, el contrapunto es el título Dance Dance Revolution. Aunque particularmente no me gusta, no se puede negar que no hace perder peso.

En la afirmación de que los videojuegos pueden quitar tiempo para otras actividades como la lectura o el deporte, suele existir un error de perspectiva. ¿Acusamos al deporte por restarnos tiempo de lectura? ¿No se podría acusar a las novelas de causar obesidad o aislamiento social? ¿Podemos decir lo mismo del cine? Todo tiene su espacio. Iremos desarrollando estas contradicciones.

Otros puntos que se han señalado con menos frecuencia:

El sexismo: los videojuegos reproducen numerosos estereotipos. Grandes pechos y vestuario sexy en los diseños. Su papel dentro del videojuego es el de ser rescatadas o ayudar al protagonista. Los personajes homosexuales son casi inexistentes, y cuando aparecen también siguen estereotipos.

Es cierto que existe sexismo en algunos videojuegos, pero no en todos, como pretende afirmar un estudio del que hablaremos en próximas entradas. Al igual que el cine, el sector ha ido madurando y la representación de la mujer y sus papeles va cambiando con el paso de los años. Lo mismo pasa con los homosexuales. En el juego “Bully” el protagonista puede elegir, dependiendo de sus acciones durante el juego, besar a una de chica entre varias o a un chico. La temática homosexual, por tanto, también se está desarrollando. Él sexismo es el segundo tema al que pienso dedicarle más tiempo, porque no es tan sencillo como nos quieren hacer ver a primera vista.

El racismo: al igual que en el apartado anterior, se reproducen muchos estereotipos, y los protagonistas rara vez pertenecen a grupos no caucásicos. Este es otro tema interesante porque contiene una parte de verdad. El problema es que los apologistas de la censura lo exageran y descontextualizan hasta el extremo.

En Estados Unidos, cuando se presenta por ejemplo a un personaje negro que no tiene relación alguna con los estereotipos, se le acusa de ser un “oreo”, es decir, negro por fuera pero blanco por dentro. Esto lo he visto sobretodo en el cine. Por supuesto, dentro de las minorías hay otras opiniones. Lo único que señalo aquí es que nada es tan sencillo como nos lo plantean. Respecto a protagonistas no caucásicos, todos sabemos que hay bastantes protagonistas japoneses, porque la mayoría de los juegos se producen allí.

Hay que señalar que tanto el racismo como el sexismo que pueda aparecer en algún videojuego de la industria, es objeto de interpretación. Como he señalado antes, el que un personaje negro aparezca estereotipado (jugando al baloncesto, vestido de rapero, etc.) puede ser racismo para unos pero no para otros. En ningún momento los videojuegos afirman que las mujeres o minorías sean seres inferiores, posean menos derechos, ni nada que se le parezca. Los críticos suelen referirse más a la ausencia de su papel protagonista o a los estereotipos que representan cuando aparecen. En ese sentido, el sexismo o racismo que se encuentra en los videojuegos es similar (en contenido) al que se puede encontrar en el cine o la literatura.

El gran problema es que se asume que los videojuegos son para niños. Esto es algo que le sonará familiar a los aficionados a la animación o al cómic. Los géneros maduran y ahora poseen un público más amplio. Para que los niños no accedan a un contenido que supuestamente no es apropiado para ellos, los videojuegos se clasifican por edades. La edad recomendada aparece en la esquina inferior izquierda de la portada del juego. Es lo que se conoce en Europa como sistema PEGI, del que hablaremos en otra entrada. Hay quien todavía critica que esa información no está clara. En las portadas de estos videojuegos que muestro en las fotos se puede ver claramente que encontrar la edad recomendada no es ningún laberinto.

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El problema habitual es encontrar que se critica al sistema PEGI por no regular todos los videojuegos. ¿Qué videojuegos no regula el sistema PEGI? La respuesta es los típicos juegos en FLASH que abundan por internet y que no forman parte de la industria del videojuego. Es el equivalente a rodar un corto ofensivo y colgarlo en internet. No es responsabilidad de la industria del cine clasificar ese material. Sin embargo Amnistía internacional parece insistir en lo contrario, como demostraron cuando criticaron el título Benki Kuosoko. Seguiremos hablando de esto.

La gran amenaza que sufren los videojuegos, es la de la prohibición y censura. Aunque en España esto parece quedar lejos, Australia ha prohibido la distribución de ciertos juegos por su contenido violento, y en Alemania también hay un debate respecto a este tema.
La apología de la censura también es frecuente cuando se trata de los videojuegos. Sin embargo, dado que la palabra “censura” es fea, y tiene ciertas asociaciones con los regímenes totalitarios, los apologistas suelen decir que “solicitan al gobierno que regule los contenidos de los videojuegos” (¿qué es esto sino censura?).

Otro aspecto es la petición para crear una legislación que impida a los menores acceder a videojuegos que no son apropiados para su edad. Deberíamos aquí preguntarnos si se debería hacer lo mismo con el cine y la literatura. La idea de esta legislación es que los padres no son lo suficientemente inteligentes para aprender el sistema de edades recomendadas, o no están interesados en controlar a lo que juegan sus hijos. Por tanto, es el Estado quien tiene que hacerse cargo. Mirar las edades de edad recomendada de los videojuegos parece una tarea extremadamente difícil, en comparación legislar es mucho más cómodo que informar a los padres.

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Ya hemos analizado los ataques más comunes al sector y las formas más utilizadas en su defensa. Hay que señalar, aunque sea una obviedad, que la polémica se origina en un conflicto generacional, no político. Los videojuegos han recibido ataques tanto desde la derecha como desde la izquierda. Los ataques más numerosos y repetidos se suelen hacer desde la derecha. La izquierda realiza menos pero suelen ser más violentos. Lo que para unos es un problema de moralidad, para otros lo es de derechos humanos. Sin embargo, aunque la mayoría de estos argumentos en defensa del videojuego son buenos, no suelen surtir efecto. Se necesita una razón única para que nos ayude a defender a los videojuegos de virtualmente cualquier ataque, y éste es el objetivo del blog. A continuación expondré la que creo que es la estrategia más efectiva de todas, y que es especialmente efectiva contra los ataques provenientes de la izquierda y la derecha liberal. Más adelante comentaré otra estrategia complementaria contra los que vienen de la derecha más conservadora. Sabemos que hay muchos tipos de izquierda y de derecha, pero por una vez, vamos a permitirnos generalizar.

Lo que se propone en este blog es que pongamos de relieve que los videojuegos son un medio en el que se hace uso de la libertad de expresión, como en el cine o la literatura. Puede que nuestros críticos no se lo tomen en serio, pero si los videojuegos no transmiten ideas ni valores ¿de qué se preocupan? ¿no es acaso porque transmiten valores y mensajes negativos, dañando por tanto nuestra “moral” o “valores sociales”? En cuanto a si son arte o no, veamos un ejemplo: la música de algunos videojuegos es interpretada por orquestas filarmónicas (el caso de la Orquesta Filarmónica de Londres en el videojuego Xenosaga). Los diseños de los videojuegos, además, requieren un trabajo artístico que considero, en mi opinión, indiscutible. Para terminar, el Museo de las Ciencias de Londres, realizó una exposición sobre la historia de los videojuegos, tratándolo como un fenómeno cultural.

En resumen, a quienes pidan la censura o critiquen los videojuegos de cualquier otro modo, hay que recordarles que la libertad de expresión es uno de los derechos humanos. Especialmente si se identifican ideológicamente con la izquierda, deberían entender esto. ¿Pueden decir que defienden los derechos humanos aquellos que los atacan? En cuanto a precedentes legales que demuestren que los videojuegos son una forma de libertad de expresión, también existen. En los estados de Illinois, Louisiana o Michigan, entre otros dentro de los Estados Unidos, los intentos de introducir leyes contra los videojuegos (en cuanto a su acceso por parte de los menores, generalmente) han sido calificadas de inconstitucionales por estar contra los principios de la Primera Enmienda, la cual trata la libertad de expresión. Esto no quiere decir que en otros estados o países tenga que ser igual, pero si es por hablar de precedentes legales, se pueden encontrar ahí. De hecho, desde que el primer estado declaró esas leyes inconstitucionales, se ha provocado un “efecto dominó” y todos los estados desde entonces han declarado ese tipo de leyes como inconstitucionales cuando se han presentado. Por tanto, la idea de que los videojuegos son una forma de libertad de expresión parece ir generalizándose en el ámbito legal.

Pasando ahora a la derecha, si hablamos de aquellos que se consideran de centro-derecha o derecha liberal, el argumento de la libertad de expresión debería funcionar igual de bien, ya que (al menos teóricamente) deberían defender los valores democráticos y los derechos humanos. Ahora bien, la derecha más conservadora, es otra historia. A ésta todos sabemos por experiencia que no hay nada que vaya a convencerles en este terreno, y no tienen tanto reparo en pedir la censura a costa de la libertad de expresión, si es necesario, porque no les supone una contradicción en sus valores. Por tanto, lo que yo propongo es que saquemos a la luz, como en los otros dos casos, sus contradicciones.

La casi totalidad de los conservadores hacen de la religión un elemento central en sus vidas. De ella deriva la mayoría de sus valores morales. Curiosamente, muchas de las acusaciones contra los videojuegos pueden transplantarse a la religión y los libros sagrados. Los ejemplos que daré a continuación no quiero que se entiendan como un ataque a la religión, sólo es una forma de mostrar las contradicciones de aquellos que atacan a los videojuegos.

Los videojuegos contienen violencia y pueden generar violencia real. Los libros sagrados también contienen una gran dosis de violencia (la historia de los macabeos, por poner un ejemplo, es difícil de superar incluso por muchos videojuegos modernos). Se ha asesinado a millones de personas en nombre de la religión. Pensemos en cuantos han sido asesinados a causa de los videojuegos.

Los videojuegos te alejan de la realidad. Bien, los videojuegos no te piden creer en ellos de forma incondicional (la fe). Sin embargo los religiosos pueden creer en ángeles, resurrecciones, cielos, infiernos y demás sin prueba alguna. ¿Qué aleja más de la realidad?

Los videojuegos te convierten en un ser insociable y aislado. Habría que pasar por alto el aislamiento de los monjes. También se sabe que las personas extremadamente religiosas tienen problemas a día de hoy para relacionarse con el sexo opuesto, debido a la gran cantidad de tabúes inculcados. Esto les suele llevar a casarse entre ellos en la mayoría de los casos.

No voy a seguir con esto porque creo que la idea está clara. Por supuesto comparar videojuegos con religión no tiene validez alguna en muchos niveles, pero sirve como ejemplo para que nuestros críticos vean sus propias contradicciones.

Quien se pregunte por qué no hablo de la izquierda más “extrema”, al igual que he hablado de dos tipos de derecha, es sólo porque no creo que su voz se oiga tanto en estos debates (lo cual no quiere decir que apoyen los videojuegos, más bien al contrario, las industrias que los fabrican y distribuyen siguen siendo parte del sistema capitalista al que en teoría combaten).

Aún a costa de repetirme, la idea de que los videojuegos son un medio de libertad de expresión nos garantiza la mejor defensa frente a la inmensa mayoría de los ataques desde cualquier ideología. Ésta creo que debe ser nuestra primera línea de defensa. En la próxima entrada comentaré la bibliografía que podemos utilizar para reforzar nuestros argumentos, sean nuevos o ya conocidos.

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