Venta de Videojuegos Violentos a Menores

Aunque no tenía pensado publicar ninguna entrada en la que relatara mis experiencias personales, el otro día me ocurrió algo bastante sorprendente que tiene relación con el tema que tratamos en el blog. Por tanto, decidí que sería interesante contarlo aquí. Todo esto ocurrió en Nueva York, donde resido en este momento.

Me dirigí a una tienda especializada en videojuegos y escogí el título que podéis ver en la foto: Trapt. Se trata de la cuarta entrega de la serie “Deception” creada por Tecmo. Dado que había jugado a los otros tres títulos y me habían gustado bastante (en especial Kagero Deception), decidí que era hora de comprar el último volumen.

Cuando lo llevé al mostrador observé que había un gran letrero que indicaba “para comprar juegos catalogados “M” (es decir, para mayores de 17 años en el sistema americano) es necesario mostrar un documento de identificación oficial”. Es decir, tenía que enseñar mi carné de conducir o pasaporte.

Como podéis ver, el juego está calificado con una “M”. No tengo carné de conducir y tampoco acostumbro a llevar el pasaporte para ir de compras. Por tanto, el empleado se negó a vendérmelo. Tuve que salir de la tienda, algo frustrado, ya que os puedo asegurar que no parezco menor de 17 años. Me paré un momento a pensar, y volví para preguntarle si mi tarjeta de débito valía como forma de identificación. Tampoco era válida. El vendedor se disculpó mil veces y dijo que no podía hacer nada, ya que Hillary Clinton había conseguido pasar una legislación para que en Nueva York se aplicaran este tipo de políticas, y él podía perder su trabajo si desobedecía la ley.

Finalmente, me reuní con mi esposa, quien me preguntó si había tenido suerte encontrando el dichoso juego. Cuando le conté la historia, vino conmigo a la tienda y lo acabó comprando ella enseñando su identificación. De modo que después de tres intentos, conseguí hacerme con Trapt. Desde ahora, cada vez que vaya a comprar un videojuego, tendré que ir con mi pasaporte o pedirle a mi mujer que sea ella quien lo compre. Ridículo, pero a esto nos llevan el pánico moral y la desinformación.

Por supuesto, estoy informado de la legislación que existe sobre los videojuegos. En algunos Estados este tipo de leyes se aprobaron, pero como indiqué en mi primera entrada del blog, habían tenido éxito porque no se reconocía hasta ese momento que los videojuegos fueran una forma de libertad de expresión. Desde que el primer Estado declaró esas leyes inconstitucionales, se ha sentado un precedente y ninguna ha vuelto a prosperar (aunque las anteriores siguen vigentes).

El caso es que en Nueva York no existía ninguna legislación sobre los videojuegos, y me sorprendió que el vendedor me lo mencionara. De modo que hice mis investigaciones y comprobé que efectivamente no existía tal legislación (aunque se está proponiendo). Además, había comprado recientemente Grand Theft Auto Trilogy en Walmart (una especie de Carrefour) sin que me pidieran absolutamente nada. La pregunta que se me planteaba entonces era ¿por qué no me vendió el videojuego Trapt, cuando estaba claro que yo era un adulto?

Habría sido fácil pensar que no le caía bien o algo así, pero no era el caso. Las asociaciones de padres y otros grupos similares envían a niños, adolescentes y adultos para comprar ese tipo de juegos, y luego denuncian la irresponsabilidad ética de los vendedores, que ven así en peligro su puesto de trabajo. O bien el vendedor estaba convencido de que la venta de videojuegos calificados “M” estaba sujeta a una legislación inexistente, o bien quiso simplificar para ahorrarse explicaciones y que me callara. En cualquier caso no lo puedo culpar, su puesto de trabajo estaba en juego, y no podía saber si yo pertenecía a una de esas asociaciones de padres.

Ese mismo día habría podido comprar películas de contenido bastante violento como Hostel o Kill Bill sin ningún problema, pero necesitaría identificarme para comprar un videojuego similar. Ahora reflexionemos, ¿qué otros productos requieren una forma de identificación para su compra? El tabaco, el alcohol (drogas) y las armas de fuego.
Segunda reflexión: comprar un videojuego como Trapt ¿se parece más a comprar una película violenta o a comprar alguno de los tres artículos citados anteriormente? La respuesta es obvia.

Cuando este tipo de noticias llegan a los jugadores españoles, suelo ver numerosos comentarios contra los Estados Unidos. He de decir que la situación de los videojuegos en este país es por el momento mucho mejor que en otros. Sólo se llegó a prohibir un título: The Guy Game. El videojuego poseía imágenes y vídeos de mujeres reales desnudas. Una de ellas era menor de 18 años, de modo que el videojuego se prohibió temporalmente hasta que una nueva versión eliminó el contenido relacionado con esa chica. Desde mi punto de vista, esa fue una prohibición justificada. Si lo comparamos con los juegos prohibidos, censurados y restringidos en Alemania, Nueva Zelanda, Australia y otros países, nos daremos cuenta de que el “puritanismo moral” no es exclusivo de Estados Unidos.
En lo que respecta al acceso de los menores a videojuegos violentos, la Unión Europea también lo está intentando restringir, al igual que Amnistía Internacional.

El gran problema es que se parte de la perspectiva de que los supuestos efectos perjudiciales de los videojuegos tienen más en común con las drogas y las armas de fuego que con la televisión o el cine. Aquí encontramos los típicos prejuicios generacionales que tratan el cine como arte y cultura mientras desprecian a los videojuegos como mero “entretenimiento” (al igual que el cine, son ambas cosas). Por tanto, cuando transgreden lo políticamente correcto, como hacen otras formas artísticas, se interpreta como una aberración, algo por lo que ya han pasado los aficionados a la animación o al cómic.

Los efectos negativos del tabaco y el alcohol han sido científicamente demostrados, y hay quien piensa que la ciencia también ha hecho lo propio con los videojuegos violentos. Pues bien, la ciencia ha demostrado que los videojuegos violentos no generan violencia real. El tabaco y el alcohol, por tanto, pueden ser regulados por el Estado, pero no los videojuegos.

Ya me he preguntado otras veces por qué la religión y el nacionalismo se pueden considerar áreas de responsabilidad familiar mientras que los videojuegos han de ser regulados por el gobierno (teniendo en cuenta los muertos que han causado religión y nacionalismo a lo largo de la historia). ¿Por qué estamos dispuestos entonces a que el Estado decida a qué pueden jugar nuestros hijos? Si tratamos a los videojuegos como al alcohol, en el futuro puedo verme multado o en la cárcel por jugar a Call of Duty con mi hijo, si considerara que es un buen modo de enseñarle una simulación de la Segunda Guerra Mundial.

Aunque he oído a algunos de mis amigos, que son jugadores adultos, declararse conformes con una legislación restrictiva hacia los menores “para que nos dejen a los demás en paz”, tengo que disentir. Los compradores de videojuegos no son niños de ocho años que van por la calle con sesenta euros. Son sus padres quienes se los compran. ¿Cuantas veces no hemos visto a un niño indicarle a su padre el juego que quería, y a éste comprarlo aunque tenga un 18 bien claro en la portada? Lo único que este tipo de legislación va a hacer es que se nos pida a los demás identificarnos cada vez que queramos comprar un juego clasificado para adultos. No quiero sentirme como un potencial delincuente cuando estoy comprando videojuegos. Ni perjudico la salud de nadie ni los pongo físicamente en peligro.

Para dejar claro de una vez que la ciencia demuestra que los videojuegos no generan violencia en sus usuarios (niños o adultos) dedicaré la próxima entrada del blog a este tema, saltándome el orden que había previsto.

Anuncios

4 comentarios

  1. muy bien explicado, si señor, aunque se nota ese tono de resquemor por la mala experiencia que te ha pasado, en fin (menos mal que tienes una esposa comprensiva que te va a comprar videojuegos violentos, que si no..:P)

    Espero tu proxima publicacion!!

  2. Yakuza: gracias por participar.

    Ciertamente me sentí como un delincuente cuando tenía que discutir con el empleado para que me vendiera un videojuego en varias ocasiones. Pero en fin, lección aprendida.

    Efectivamente, suerte que tengo una esposa comprensiva, especialmente porque al contrario de lo que muchos pensarán ¡ni siquiera es aficionada a los videojuegos! De hecho, ella se sorprendió mucho más que yo de lo que había pasado, y le indignó bastante que el pánico moral hubiera llegado a tales extremos.

  3. buah, lo siento pero me da la risa al leer esto, no me imagino un caso asi en España. Pienso que el tio de la tienda no te lo vendio por ser extranjero y punto, y se invento un rollo para que no dieras mucho la brasa. Hay juegos violentos que pasarian muy desapercividos si no le diese tan ta publicidad, la gente que los odia.

  4. Ralse: me temo que no fue por ser extranjero. Hasta el momento de pedir el carné, me estaba comentando que también le gustaba mucho esa saga y que no la conocía casi nadie. Se mostró simpático. Creo que el asunto se debió más a la historia de “compradores secretos” que mandan las asociaciones de padres para “pillarlos”.

    Y bueno, si la Unión Europea y Amnistía Internacional siguen presionando, habrá que preparase a ver casos así en nuestro país también(y con respaldo legal). Esperemos que no suceda…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: