El Informe Byron y otras noticias del Reino Unido

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Tras el asesinato de Giselle Pakeerah en 2004, una ola de pánico moral invadió a medios de comunicación y políticos británicos. Al principio la prensa declaró erróneamente que el asesino estaba recreando lo que había aprendido en el violento videojuego Manhunt. En realidad, sin embargo, era la víctima quien poseía una copia de dicho título. A pesar de que la policía confirmó que no existía vínculo alguno entre Manhunt y el homicidio, en la memoria colectiva quedó la idea de que este juego había sido el causante de la muerte de Pakeerah, del mismo modo que ocurrió en España con Final Fantasy VIII y el Asesino de la Katana.

La clase política no tardó en asumir esta percepción errónea del caso para perseguir su propia agenda y prometió una legislación más dura contra el sector para evitar “tragedias similares” en el futuro. El propio Gordon Brown, líder del Partido Laborista y primer ministro del Reino Unido, llegó a reunirse con la madre del fallecido Pakeerah en un acto demagógico que venía a simbolizar su férrea intención de combatir la supuesta influencia corruptora de los videojuegos violentos (ver foto arriba). Teniendo en cuenta que la actual legislación ya limita el acceso a determinados videojuegos por parte de los menores, el objetivo de una nueva iniciativa hacía temer lo peor.

Para poder iniciar la deseada legislación, el primer ministro encargó un estudio independiente (aunque financiado por el gobierno) que pasaría a ser conocido como el Informe Byron, y que también incluiría los peligros de internet. El nombre del informe proviene de la encargada del estudio, Tanya Byron, psicóloga infantil y presentadora de varios programas de autoayuda. Dado que este informe se realizaba con el único y exclusivo motivo de sustentar una posible legislación, desde que se puso en marcha miembros de la industria del videojuego temieron inevitablemente que se tratara de una mera justificación para aprobar acciones legislativas contra el sector.

Una vez publicado, sin embargo, el Informe Byron demostró ser un estudio realmente independiente y confirmó lo que ya se sabía: no existen pruebas concluyentes que indiquen que los videojuegos suponen un peligro mayor que el cine o la televisión (página 152, apartado 6.42). La única legislación de peso propuesta para el sector sugiere que los videojuegos catalogados como 12+ sean evaluados por la BBFC y reciban el etiquetado de este organismo en lugar del PEGI. De este modo, la restricción de venta por edades que ya existe en los títulos clasificados 18+ y 15+ se extendería hasta los 12+, tal y como sucede con la venta de películas. En definitiva, el cambio sería mínimo y el sector no se encontraría discriminado frente a otros medios.

Como era de esperar, la clase política interpretó el informe a su manera. Keith Vaz, miembro del Partido Laborista y del parlamento británico, declaró que el informe demostraba que los videojuegos tenían un efecto en los niños e insistió (también erróneamente) en el papel jugado por Manhunt en el asesinato de Pakeerah. Como dijo Joseph Goebbels, ministro de propaganda del III Reich, “si una mentira se repite lo suficiente, acaba convirtiéndose en una verdad”.

Por su parte, el diario británico The Times Online (no confundir con la revista TIME) comenzaba a augurar antes de la salida del Informe Byron que los videojuegos llevarían advertencias sobre la salud como los cigarrillos, algo que por otra parte sí se está proponiendo en Chile. En las últimas semanas, este diario ha comenzado a hacerse conocido entre los aficionados por columnas llenas de desprecio hacia el ocio electrónico. Quizá la más conocida sea “Xbox is Crack for Kids” (Xbox es crack para niños) donde se denominó a los videojuegos como “el sudoku de Satanás”, aunque recientemente apareció otra titulada “The Dark Ages” donde se tachaba a los aficionados adultos de ser hombres inmaduros que se niegan a crecer. Sobre esta última columna podéis leer una traducción parcial en Anaitgames.

El Informe Byron, por desgracia, no ha conseguido cambiar en absoluto la actitud de la prensa británica. Pocos días después de su presentación, el mismo periódico publicó otra columna titulada “Videogames: I’ll Never Buy One” (videojuegos: nunca compraré uno) donde el autor afirma que diga lo que diga el Informe Byron, él jamás dejará a sus hijos tocar un videojuego. Por si fuera poco, añadió que “al igual que la heroína y el embarazo adolescente, son una gran pérdida de tiempo”.

En este momento, y dada la abrumadora cantidad de respuestas negativas que generaron las anteriores columnas, termino por preguntarme si se trata realmente de un caso grave de ignorancia o si por el contrario estamos ante una estrategia consciente con el objetivo de generar más visitas a cualquier precio. En cualquier caso, la línea editorial que está tomando el periódico sobre este tema es francamente lamentable, aunque como todo, podría ser peor. Un tabloide cuyo nombre todavía se desconoce (y no me extrañaría que terminara siendo otra vez The Times), está solicitando historias reales sobre “como los videojuegos te empujaron al crimen” desde Starnow.

Aunque para los aficionados británicos el Informe Byron ha constituido un gran alivio, todavía queda mucho por hacer con respecto a la prensa, la clase política y finalmente la opinión pública. Por el momento, Giles Whittel, autor de la columna “Videogames: I’ll Never Buy One” está recibiendo el mismo castigo que sufrió Cooper Lawrence cuando criticó malintencionadamente al videojuego Mass Effect, y su libro ha comenzado a recibir valoraciones negativas por parte de jugones enfurecidos. Nunca he aprobado este tipo de comportamientos, pero me temo que tanto la prensa como la clase política británica carecen de autoridad moral para condenarlos.

Nota: el Informe Byron se encuentra ahora disponible en la sección de Documentación, aunque también lo podéis consultar en su página oficial.

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3 comentarios

  1. El “Informe Byron” aparece como una buena noticia para los videojuegos en cuanto productos culturales. Pero es sorprendente la respuesta manifestada por algunos medios de comunicación y la clase política británica.
    Si bien el mejor camino es abrirse paso a través del diálogo, cuando la contraparte no escucha parece menos malo que algunos la censuren de la misma manera.

  2. Los aficionados han valorando negativamente un libro que no han leído, del mismo modo que el crítico ha hecho con los videojuegos sin haberlos probado. Es irónico, pero ahora nosotros podríamos decir a estas figuras públicas que controlen su forma de actuar no vaya a ser que a los más jóvenes les de por imitarles, como ha pasado en este caso.

  3. Las personas que nunca han tenido contacto con los juegos de video e internet los consideran algo “malo”. A diferencia del cine, TV y noticias de cualquier ibndole, donde no podran ser criticadas nunca porque ellos son usuarios de dichos medios.

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