Mientras vuelvo…

Me temo que los asuntos que me han tenido alejado del blog van a llevarme el doble de tiempo de lo que tenía planeado. Mientras tanto, quería abrir un hilo sobre las declaraciones del humorista estadounidense Penn Jillette acerca de la polémica del videojuego Rapelay, de la que ya hablé en su momento.

Traduzco el fragmento recogido en Gamepolitics, donde se puede encontrar el vídeo con el monólogo completo.

Perseguir legalmente crímenes de pensamiento es un error (…).

La protesta [de los críticos] se basa en que este juego normaliza la violencia sexual. Creo que culpar a un videojuego por violación es normalizar el comportamiento sexual violento. Lo que se afirma es que todos [¿los hombres?] somos violadores y que la violación transpira bajo nuestra superficie: lo único que hace falta es un videojuego para darnos el empujoncito que necesitamos.

Lo que se hace al culpar al videojuego es mostrar compasión por el violador. Muestra entendimiento. Hasta cierto punto dice “no es realmente culpa del violador; es culpa de la sociedad, por poner este tipo de cosas ahí fuera”. Y yo creo que el violador no merece comprensión ni compasión de ninguna clase (…).

Además de la opinión general que estas declaraciones les pueda provocar, quería preguntarles ¿se puede hacer una analogía con la violencia? ¿se basan decisiones como prohibir Rapelay en la creencia de que todos los hombres son violadores en potencia? Si es así, ¿qué dice esto sobre la sociedad?

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