Videojuegos y alta cultura (I): la llegada del omnívoro cultural

1. Estatus y cultura

A lo largo de la historia, los miembros de alto estatus social se han caracterizado por la práctica y el consumo de formas artísticas distintivas que han sido empleadas para marcar su posición y separarse así del resto de la población. Este aprecio por lo que se denomina la alta cultura ha llevado consigo la exclusión y el desprecio de manifestaciones culturales consideradas inferiores, particularmente la cultura destinada al consumo masivo o cultura popular, por ser considerada estéticamente burda, poco edificante y en ocasiones incluso moralmente corrupta.

Aunque existen parámetros para determinar si una obra pertenece o no a la alta cultura, tradicionalmente la narrativa sobre qué determina si un trabajo es de buen o mal gusto ha sido configurada por esta elite social, que en la casi totalidad de los casos apuntaba a obras difícilmente accesibles para la mayoría de la población bien fuera por motivos geográficos, económicos o de educación. Por el contrario, aquellas fácilmente accesibles a las masas fueron englobadas dentro de la baja cultura. En resumen, la exclusividad de una obra y su grado de acceso por parte de la mayoría de la población ha determinado si pertenece a la alta o baja cultura en el mismo grado que lo ha hecho su calidad. En realidad, para adquirir distinción social no es necesario comprender la riqueza estética de la obra, su significado dentro del contexto histórico en el que fue creada u otras características relevantes. El mero hecho de indicar que se disfruta con dicho trabajo (sea o no cierto) es suficiente para marcar la propia distinción social. Por otra parte, el conocimiento de dicha obra puede servir para marcar grados de distinción entre personas del mismo estatus, especialmente cuando se trata de diferenciar una elite tradicional de un grupo que hubiera adquirido un estatus similar recientemente.

Por otra parte, aunque las personas de medio y bajo estatus social tienen su propia idea de lo que es el buen gusto, suelen tomar como punto de referencia el marco cultural ya creado por las elites. Como explicaba el sociólogo Pierre Bourdieu “no debemos olvidar que la estética de la clase trabajadora es una estética dominada, obligada a definirse en términos de la cultura dominante” (41). Por ello no sólo algunos trabajos salidos de autores de medio o bajo estatus imitan las características de la llamada alta cultura: también es la razón por la que otros miembros del mismo estatus defienden a ésta como la única válida y desprecian la propia, independientemente o no de que sea la que consumen.

2. La aparición de los omnívoros

La asociación entre alto estatus y consumo de alta cultura, sin embargo, comenzó a diluirse en las últimas décadas. Durante un estudio sociológico realizado en 1992 para identificar la asociación entre estatus social y el tipo de música escuchada, R.A. Peterson y A. Sikmus descubrieron un cambio de los patrones de consumo entre individuos de alto estatus social. Rompiendo con sus expectativas, este grupo comenzaba a participar no sólo en actividades de la llamada alta cultura, sino también de la cultura popular. Lo más significativo era que dicha participación no se admitía como una flaqueza de carácter o una indulgencia, sino que la apreciación por la alta cultura se extendía a la cultura popular. Esto no significaba que les gustara todo, sino que estaban abiertos a otras formas artísticas no provenientes de la cultura asociada a su estatus. Con estos datos Peterson realizaría un artículo titulado “understanding audience segmentation: from elite and mass to omnivore and univore” y publicado ese mismo año, en el que introduciría los conceptos de omnívoro y unívoro para definir los nuevos patrones culturales de consumo. Desde entonces se han realizado varios estudios con la intención de determinar el significado de este cambio en los miembros de alto estatus, la mayor parte de ellos centrados en la música. Los omnívoros podían apreciar tanto Las cuatro estaciones de Vivaldi como la música de Eminem (Warde, 16) o géneros tan dispares como la ópera y el heavy metal.

En un principio el concepto de omnívoro sólo se aplicaba a estos atípicos individuos de alto estatus, pero en sucesivas investigaciones la definición se ha ido ampliando para abarcar a otros grupos. Sin duda hasta hace unas décadas era mucho más fácil para las personas de alto estatus convertirse en omnívoros, pues poseían mayores oportunidades de participar en la alta cultura. Hoy día, sin embargo, este tipo de cultura es más accesible que nunca para la población gracias a las bibliotecas, internet, mayores posibilidades educativas y sobretodo un nivel de vida más elevado. A ello también hay que sumarle el hecho de que la llamada cultura popular o de masas cada vez es más sofisticada, llegando a diluir la línea de separación entre alta y baja cultura. Por tanto, actualmente, todos somos potenciales omnívoros.

3. Redefiniendo la alta cultura

Existen obras de la cultura popular que cumplen con los requisitos necesarios para ser consideradas alta cultura. Sin embargo, precisamente por su popularidad y consumo masivo quedan relegadas a un lugar inferior. El ejemplo más claro lo encontramos en Los Simpsons, una brillante y humorística sátira de la sociedad estadounidense que ha alterado la forma de hacer televisión, entender el humor e incluso la propia lengua inglesa. Como señaló Mark Liberman, del Consorcio de Datos Lingüísticos de la Universidad de Pennsylvania, “aparentemente Los Simpsons han superado a Shakespeare y la Biblia como nuestra mayor fuente de modismos, muletillas y otras alusiones textuales”.

Una de las características que diferenciaron a Los Simpsons de otras series animadas fue la enorme cantidad de referencias tanto a la cultura popular como a la cultura de élite que contenía en muchos de sus episodios al mismo tiempo que realizaba una aguda crítica social en clave de humor, dando lugar a narrativas de una gran sofisticación. Esto hacía que pudiera disfrutarse a distintos niveles dependiendo del bagaje cultural del espectador. Sin embargo, muchos miembros alto estatus que consideran a esta serie como poco más que una comedia cuyo único mérito es el de hacer reír, o bien no han visto un episodio de Los Simpsons, o si lo han hecho, (paradójicamente) carecen del trasfondo cultural necesario para apreciar todas su dimensiones. En definitiva, el hecho de que Los Simpsons se considere o no alta cultura no está determinado por su calidad sino por su fácil acceso al público general. De forma similar, el hecho de plantear si esta serie debería pertenecer al mismo grupo de trabajos consagrados como Romeo y Julieta o El Quijote nos lleva a concluir que es la aceptación por parte de esta elite cultural la que determina el estatus de la obra como alta o baja cultura, y no necesariamente su calidad general.

Sin embargo, a pesar de la resistencia mostrada por una parte de la élite, obras de gran calidad que estaban destinadas al consumo masivo como Los Simpsons, The Wire o Los Soprano han captado la atención de numerosos críticos culturales y profesores universitarios que podrían considerarse omnívoros, dando lugar a su utilización en clases universitarias para la discusión de temas políticos y sociales. El hecho de que productos de consumo masivo reciban dicha atención sin duda supone diluir la línea entre alta y baja cultura. Si una serie popular como The Wire puede protagonizar su propio curso en la Universidad de Harvard debido a su complejidad y valor como comentario social, la calidad de la obra, y no su acceso por parte del público, podría ser lo que a partir de ahora defina su estatus. Por tanto, convertirse en un omnívoro cultural no implicaría necesariamente contar con acceso a manifestaciones culturales que por su coste económico sólo se encuentran al alcance de los más privilegiados, sino simplemente a obras de calidad independientemente de su exclusividad.

4. Los problemas del omnívoro

En marzo de 2009 El País publicó un artículo titulado “La cultura ya es de masas“, donde se destacaba no sólo la gran calidad de muchas obras destinadas al consumo masivo, sino también su preferencia por parte del público:

Con toda seguridad, ningún crítico cultural pondría objeción alguna al siguiente menú: para leer, Vida y destino, de Vasili Grossman; para ver en la televisión, The Wire; en el cine, Wall-E (Andrew Stanton); para escuchar, Kind of blue, de Miles Davis; y para una tarde de museo, Velázquez. Podrían ser las preferencias de un intelectual elitista, pero ya son también las de un público cada vez más masivo (…). Los títulos no están elegidos al azar. Son obras que han concitado elogios unánimes de la crítica y que se han convertido en éxitos de público. La novela Vida y destino, sobre los entresijos del totalitarismo soviético, ha vendido más de 160.000 ejemplares desde septiembre de 2007. Los DVD de la primera temporada de The Wire, convertida en obra de culto, se agotaron en Navidad.

A ello el autor añade un aumento del número de inscripciones en las bibliotecas y visitas a museos, apuntando a una democratización de la cultura. El artículo también señalaba la llegada del consumidor omnívoro, aunque no utilizara explícitamente tal concepto:

Sucede, en fin, que hay una oferta cultural mayor que nunca. Y el consumidor es intelectualmente maduro para saber qué elegir, ha escrito el crítico Euan Ferguson. “Hoy podemos leer los libros más difíciles y complicados y luego ir a algo ligero para relajarnos. Podemos grabar un documental de dos horas sobre Bosnia y un capítulo de una mala comedia. Y ya no es nada vergonzoso, podemos tenerlo todo”.

Todo esto nos haría creer que la llegada del omnívoro cultural es ya un hecho asentado y sus hábitos de consumo cultural son socialmente aceptables. Sin embargo, el propio artículo menciona las reacciones de intelectuales “unívoros” que se resisten a abandonar su exclusividad:

“Es un fenómeno repetido en casi todas las épocas. También fueron éxitos Cien años de soledad, de Gabriel García Márquez, y Memorias de Adriano, de Marguerite Yourcenar, o, por citar un caso reciente, el libro de cuentos de Alberto Méndez Los girasoles ciegos, quizá el primer libro de cuentos español que se ha convertido en best seller“, recuerda Fernando Valls, profesor de Literatura española contemporánea en la Universidad Autónoma de Barcelona. “No considero que lo que se entiende por alta cultura esté calando en el público masivo, ya me gustaría”. Coincide con él Millán: “En cuanto a la literatura, creo que se trata de casos aislados”.

Sin embargo, el mayor reto para que la actitud del omnívoro se considere socialmente aceptable proviene en su mayor parte (paradójicamente) de personas que no pertenecen necesariamente a un alto estatus pero continúan definiendo la alta cultura según los parámetros establecidos por el grupo dominante. Esto es algo que no aparece en el propio artículo pero queda reflejado en los comentarios que se hicieron sobre el mismo. A continuación citaremos algunos ejemplos:

No niego la lectura de best sellers por mi parte, solo reivindico que eso no es cultura. Es sólo entretenimiento y no aportan NADA. Yo no digo que yo sea culto por otra parte. No sé nada a penas. Ojalá lo fuera, pero que no me cuelen que la masa sí lo es (…). La gran mayoría de la población no está preparada para leerse un libro bueno. Lo encuentran aburrido. Prefieren leer cosas que no aportan nada a sus vidas ni a sus pensamientos o emociones. Pasar el rato sin pena ni gloria, vamos. Eso es lo que busca la gran mayoría de la población lectora. Con esa mentalidad nunca jamás va a estar ni remotamente cerca de la elite cultural. Yagami.

¿Quizás no sucede lo contrario? ¿que la crítica sea cada vez más popular y menos elitista? ¿Que los críticos ensalzen [sic] los productos diseñados por el grupo mediatico [sic] que le paga? ¿Que las críticas sean un elemento más de la promoción de los productos culturales? Jose Luis.

No se acortan las distancias, pues “Vida y destino ” es cultura, pero “The Office”, “The wire” [sic] y las demás series mencionadas son meros productos de consumo y entretenimiento (por bien hechas que estén, cuando lo están), aunque mucho “crítico” pueril las ensalze [sic] como obras maestras–lo cual probablemente sólo quere [sic] decir que son compatibles con su medicación. Doyler Doyle.

Yo ahora veo a más gente leyendo en el metro, por ejemplo, pero ¿qué leen? Enormes best sellers calcados unos de otros con una historia de intriga medieval y poco más. Susana.

En esta sociedad de consumo enferma…todos los significados se han prostituido… ¿cultura en los best sellers? ¿estais [sic] de broma? Que fue de la individualidad y la transgresión… Mark.

Como queda patente en el caso de los best sellers (y por extensión en cualquier éxito de ventas o de público)  es su popularidad lo que automáticamente los invalida como obras de alta cultura sin atender a su calidad caso por caso. Una vez más, la exclusividad marca la diferencia entre lo que se considera de buen gusto y lo que no.

En resumen, aunque el omnívoro cultural pueda disfrutar simultáneamente con obras de alta cultura y de consumo masivo, su comportamiento en esta última área continúa siendo considerado impropio o inadecuado, especialmente si pertenece un estatus social alto. En el mejor de los casos puede ser tachado de excéntrico, y en el peor puede perder buena parte de su capital social o reputación. No es de extrañar, por tanto, que personas de cualquier estatus que disfrutan de obras generalmente asociadas con la alta cultura rechacen asociarse con los videojuegos e incluso se vean obligados a criticarlos para separarse de las masas.

5. El omnívoro cultural y los videojuegos

Cuando se habla de alta y baja cultura podemos encontrar artes como el cine y la literatura que poseen obras en cada una de estas categorías. Por otra parte, también hay artes que se consideran en su conjunto como cultura de elite o cultura popular. La ópera, por ejemplo, se toma como una expresión de la alta cultura independientemente de la obra. Por el contrario, los videojuegos son considerados cultura popular sin que existan diferencias entre Shadow of the Colossus y Redneck Rampage. Ésta es la razón por la que cuando el artículo de El País habló de la elevación del nivel cultural no mencionó ningún videojuego, dando a entender que no hay título que pueda considerarse edificante.

En este momento la industria del videojuego y los desarrolladores independientes pueden seguir dos caminos: el primero es continuar ignorando los parámetros de lo que se considera la alta cultura y definir el medio sin atender a ellos como punto de referencia. La ventaja de seguir este camino es que el medio no se convertirá en un esclavo de aquello que los críticos culturales consideran de buen gusto, obteniendo una mayor libertad creativa y definiendo el medio en términos propios.

La contrapartida de seguir con esta dinámica supondrá con casi toda certeza la devaluación cultural del medio, pues aunque los creadores de videojuegos y la prensa especializada ignoren estas reglas sociales, continúan irremediablemente sujetos a ellas. Es decir, no pueden transformar la percepción de la opinión pública, relegando a los videojuegos al último escalafón de la baja cultura, quizá sólo por encima de la pornografía. En principio no parece un grave problema hasta que este desprecio por el medio se traduce en prohibiciones legales (como ocurrió recientemente en Venezuela), censura (caso de Alemania) y otro tipo de restricciones.

A ello hay que sumarle la pérdida de capital social sufrida por quienes admiten que esta afición se encuentra entre sus favoritas, algo que no ocurre cuando se trata del cine o la música. Ambos factores, la censura del medio y el oprobio social, pueden incluso terminar retroalimentándose como ocurrió en la última manifestación realizada en Australia para demandar una clasificación 18+ (pues los juegos que superan la edad recomendada 15+ quedan automáticamente prohibidos en el país), a la que a pesar un apoyo multitudinario en internet, sólo se presentaron unas 50 personas. Esto ocurrió con casi toda probabilidad porque protestar a favor de los videojuegos conlleva un estigma de ridículo que no posee por ejemplo la literatura, pues la reacción habría sido con toda probabilidad muy diferente si el gobierno se negara a comercializar novelas para mayores de 15 años.

Por lo tanto, el camino que siguen actualmente los creadores de videojuegos puede permitirles una mayor independencia creativa, pero ésta queda anulada por el desprestigio que conlleva no atenerse a los parámetros de la alta cultura, resultando en la prohibición de sus obras o al menos en su desprecio por parte de la sociedad, que a su vez lleva a la ridiculización de sus profesionales y consumidores.

La otra opción sería reconocer las reglas del juego e intentar alcanzar un equilibrio en el que el sector pudiera producir obras tanto de alta como de baja cultura, al igual que ocurre en otros medios como el cine y la literatura. De este modo los videojuegos podrían ganar el suficiente capital cultural con el que labrarse una mejor reputación entre la opinión pública y evitar de este modo tanto la censura como el desprestigio que conlleva asociarse con esta afición. Se trata de un proceso extremadamente difícil pero no imposible, pues aquí es cuando entra en juego la figura del omnívoro cultural, el intermediario entre ambos mundos.

Uno de los mayores problemas del sector es que hasta el momento la gran mayoría de los videojuegos con solidez narrativa han tenido como referente una muy limitada cantidad de obras, particularmente Star Wars, El señor de los anillos y Aliens. Desarrolladores de videojuegos con un mayor abanico cultural, propio de la clase omnívora, podrían proporcionar al sector la vitalidad que necesita y conectarlo con la alta cultura. Éste sería un paso necesario pero insuficiente, pues muchas obras que han intentado algo similar en el pasado han sido negativamente valoradas por la prensa especializada.

Actualmente hacer periodismo en el sector de los videojuegos consiste principalmente en tratar noticias de actualidad y recomendar o no títulos dependiendo de su relación calidad/precio, reduciendo los videojuegos a meros productos de consumo. Si bien se trata de una función necesaria, debería al menos ir acompañada de otro tipo de crítica, realizada también por entendidos con un amplio bagaje cultural que les permitiera apreciar estos “videojuegos de alta cultura”. En caso contrario, el esfuerzo de los desarrolladores sería pasado por alto y convertido injustamente en una puntuación.

El último eslabón de la cadena sería un público más exigente, capaz de invertir el tiempo necesario para leer este otro tipo de crítica y de reconocer los títulos con aspiraciones a convertirse en alto arte, no (necesariamente) en superventas.

En resumen, el omnívoro cultural podría cambiar la forma en la que los videojuegos son percibidos por la opinión pública e incluso por los propios jugadores en varios niveles del sector: desde la industria hasta los títulos independientes, pasando por el periodismo especializado y el generalista. La mayor tolerancia de los omnívoros hacia distintas manifestaciones culturales podría hacer que talentos reservados para artes “mayores” y que jamás habrían contemplado los videojuegos como una forma de ganar prestigio social pudieran ver en este caso las posibilidades que ofrece formar parte de un medio con un potencial artístico por descubrir.

En conclusión, el sector ha de preguntarse que camino desea seguir: si está contento con su reputación o si quiere aspirar a algo más. Lo que parece haber quedado claro hasta el día de hoy es que ese “algo más” no está relacionado con el nivel de violencia, las “chicas explosivas” o la espectacularidad al estilo Hollywood. En el próximo artículo discutiremos las características que pueden convertir a un videojuego en un producto de alta cultura.

Trabajos citados

Además de los textos citados en los hipervínculos, se han utilizado los siguientes trabajos:

Bourdieu, Pierre. Distinction: A Social Critique of the Judgement of Taste. London: Routledge, 1984.

Warde, Alan. “Understanding Cultural Omnivorousness, or the myth of the cultural omnivore”. Torun, European Sociological Association Conference, 2005.

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19 comentarios

  1. Excelente articulo. Me pareció interesante como todas las demás formas de entretenimiento tienen cabida en la alta cultura a excepción de los videojuegos.

    Para poner otro ejemplo ademas de Shadow of the Collosus también se puede mencionar a su continuación ICO (dentro de la cronología de los juegos es su continuación) , que es de los pocos juego considerado arte, pero al parecer ser un producto de masas le quita automáticamente ese titulo.

    Otro ejemplo es el final de Bioshock: un juego que destaca por sus gráficos y violencia, pero con una historia mucho mejor a la de la media y uno de los finales mas emotivos que he visto en un videojuego; pero claro, obtuvo notas altísimas y un éxito de ventas enorme….

    Si aun no lo ha visto aquí hay un link: http://www.youtube.com/watch?v=dE7_BKvHikU

    Ya para terminar, parece que la alta cultura no ha cambiado en el sentido de que es ella la que define que es o no alta cultura, no hemos cambiado mucho desde los griegos al parecer.

  2. Casualmente acabo de terminar el Killer 7.

    La narrativa de este juego es mucho mas compleja que muchos libros que me han hecho leer en el colegio.
    La estética está a la par de muchas obras de arte. Y la jugabilidad es una de las cosas menos convencionales que he visto.
    En resumen Killer 7 es el juego mas extraño que he jugado en mi vida, y una obra maestra. Una de las trabas que tienen los videojuegos como este para recibir aceptación, es que no es pasivo. Yo puedo ver “Citizen Kane” sin entender las lecciones morales de las que esta impregnada la obra, sin embargo la mayoria de las personas va a dejar de jugar cuando descubra el rebuscado sistema de control o vea la cutscene donde kun lan y harman están jugando ajedrez sin dar ninguna explicación (Harman es tu personaje, y Kun Lan es tu enemigo). Admito que la mayor parte del tiempo no entendía nada y eso me desmotibava a seguir jugando. Mucho menos motivado se va a encontrar alguien ajeno al medio.
    Estoy leyendo un complejo análisis argumental del juego en: http://www.gamefaqs.com/console/gamecube/file/562551/38193

  3. Interesante artículo,para variar!

    Mmm…si ya de por si los mismos medios mencionados como el cine y series de televisión son difíciles de conseguir para catalogarlos de alta cultura llevando mucho más tiempo que los videojuegos en la sociedad…poco se puede decir de cómo van a pensar catalogar un juego en este estatus…

    Normalmente tengo muchos pensamientos en relación a tus artículos para comentar…pero aquí no se muy bien qué aportar, quizás porque me resulta un tanto absurdo lo de las “sociedades”.
    Es como un mundo en el que uno es un ciudadano de un sencillo pueblo, y que para ser considerado inteligente tenga que estar metido en la movida madrileña…cuando no tiene nada que ver la sabiduria de uno con e medio en el que vive,en mi humilde opinión.

    Como hemos comentado en anteriores entradas, una obra,una pelicula, un videojuego, no tiene por qué tener una relfexión constante de la vida,cargado de ética moral y detalles históricos realistas y fidedignos para ser válido…y esto lo enfoco tambien con el tema de “alta” y “baja” clase. De hecho, creo que las obras más sencillas y que aún así son capaces de producir reflexiones en las personas que se abstraen en ella , valen mucho más que una rebuscada y aburrida insistencia que se intenta con otras y que solo producen indiferencia…

    Por estas cosas, creo que esa actitud reacia a embarcar ciertos medios en “alta” clase…se limita a una actitud puramente subjetiva, egocentrica y elitista, que no puede aceptar que algo culturalmente al alcance de todos y que pueda ser reconocido por la gran mayoria como bueno, sea tambien valorado en un sector que quería sentirse absolutamente por encima de ese gran populacho.

    Y de hecho, muchos de ese populacho tambien desearían que se limitara incluso estos medios para sentirse por encima de sus iguales…
    He conocido casos de gente que solo le gustaba grupos musicales que son completos desconocidos, pero del que no te pasarían ninguna canción que les gusta para que te aficiones porque “no quiere que se extienda y le llegue a todo el mundo”…el saber disfrutar él solo de ese grupo, lo hace sentirse superior.
    Tambien he conocido( y por desgracia(aquí se multiplican a mansalva) casos de videojugadores y lectores de comics, que desean que sus juegos y comics no lleguen traducidos a España porque consideran que “devalua” al volverse un éxito de masas, dejando de ser un juego o comic bueno porque “todo el mundo puede hablar de el sin haberse esforzado en conseguirlo antes”…un juego y un comic sigue siendo culturalmente bueno traducido o no…solo que esta gente se siente por encima al considerar que tiene más mérito y respeto los medios y dificultades con los que lo han conseguido…

    Y esta gente no piensa que los creadores de estas maravillas, sus mayores metas debería ser poder llegar al máximo de gente posible…porque no hay nada peor para un creador que su obra se pierda solo en unos pocos….eso no lo hará especial…lo hará marginado y perderse en este inmensa sociedad abarrotada de informacion, cuando el objetivo sería permanecer en la memoria de todos y no en el olvido.

    Ele, al final me he enrollado 😄 Pero aquí queda mi granito de arena. 😉

  4. Sospecho que utilizar la palabra “omnívoro” en estos casos justifica la digestión de todo tipo de producto artístico: lo excelente, lo bueno, lo mediocre y lo miserable. Y el hecho de incluir una pedante ridiculez como “Wall-E” en lugar de algo que valga la pena como “Wallace & Gromit”, “Ratatouille” o “Vals con Bashir” -o cualquier otra película de animación que no consista en una sobreactuación estomagante desde el segundo 1- creo que me hace sospechar más.
    Pero en fin, muy buen artículo.

    Erratas: “Los Sorprano”, “vagaje”

  5. La idea de que un producto de baja cultura no le deje nada a la persona me resulta bastante cuestionable y bastante prejuicioso desde ya… Pero lamentablemente, yo siento que mucha gente no considera a los videojuegos nisiquiera como cultura, de hecho se los ve mas como algo cercano a las drogas, que son adictivas y cuyo exceso puede resultar nocivo, nadie consideria una adiccion la lectura, o por lo menos no en un sentido negativo…

    Les dejo unas reflexiones del reconocido escritor y conductor radial argentino Alejandro Dolina vinculadas de alguna u otra manera con esta distincion entre baja y alta cultura, de hecho Dolina polemiza en con la idea de que un buen o mal producto cultural (en este caso la musica) es solo una cuestion subjetiva, y tambien con la idea de que existiria una cultura en sentido amplio y que todo lo que hace el hombre es por definicion “cultura”, mas bien lo que Dolina considera cultura es equivalente a “alta cultura”

    -Este esta vinculado a la distincion alta/baja cultura:

    -Este otro esta referido a la calificacion musical:

  6. @Amakegure, Milton

    Gracias. Las sugerencias que han propuesto como ejemplos de alto arte en el sector son muy interesantes. No entraré a fondo en ello ahora porque es un tema que quiero tratar con más detalle en el siguiente artículo de esta serie. Si me dan su permiso trasladaré estos comentarios a la nueva entrada cuando esté lista.

    @Felwyn

    Aquí abres un tema que realmente merecería su propio artículo, el del exclusivismo de ciertos consumidores de cultura popular (en nuestro caso videojuegos) que no sigue los parámetros de la alta cultura, pero que se asemeja. Lo que cambia es que el juego en cuestión se encuentra en un idioma inaccesible para la mayoría (inglés o japonés) y/o no ha sido distribuido en el país. No sé si esto dice algo de la psicología del ser humano y su búsqueda de estatus en el grupo al que pertenezca. Habrá que investigarlo.

    Por otra parte yo también soy de los que cree que una obra profunda y que anime a la reflexión no tiene por qué ser aburrida para considerarse de buena calidad. De hecho (y ésta es mi opinión personal), creo que una obra de estas características que además es entretenida posee un mayor valor. Primero porque es más fácil hacer algo profundo y reflexivo aburriendo a la gente que entreteniéndola, y segundo porque su accesibilidad hará que el mensaje llegue a un público mucho mayor.

    He recibido muchas críticas por haber afirmado que Los Simpsons, The Wire o Berserk son obras que merecen estar entre la alta cultura, pero como se ha visto en los análisis que hago aquí sobre videojuegos (como Digital Devil Saga), al menos puedo explicar por qué una obra me parece superior a la media (su simbolismo, diferentes lecturas o mensajes, referencias, etc.), cosa que no he visto en muchos que defienden otro tipo de obras. Por supuesto que existen razones para considerar Cien Años de Soledad como una obra de alta cultura, pero muchas de las personas que defienden títulos como este frente a los best sellers pocas veces me han dado razones satisfactorias y he tenido la sensación de que las defendían sólo para afirmar su estatus. Un ejemplo aquí:

    http://blogs.elcorreo.com/divergencias/2009/10/28/los-best-sellers-y-gran-literatura

    No se explica por qué una obra realmente es mejor que otra. Solo apunta a que una de ellas “persigue algo mucho más elevado”, pero no sabemos el qué.

    @Cinqueto

    Corregido. ¡Gracias!

    Ésa es una posible faceta del omnívoro cultural, pero en realidad no es que (necesariamente) consuman de todo, sino que están abiertos a la idea de consumir obras que no se asocien a su estatus porque pueden apreciar su valor.

    También me gustó más Ratatouille que Wall-E. He podido apreciar la emoción de esta última película, su inversión de roles de género y la crítica social que realiza, aunque no estoy seguro de que sea tan rompedora como dicen. Quizá esté pasando algunas cosas por alto, pero estoy dispuesto a que alguien me las explique.

  7. El arte es un sentimiento!,El arte es un sentimiento!
    Eso es algo que mis profesores de dibujo siempre han dicho, es por eso que todo puede ser considerado arte.
    La unica forma en que los videojuegos tengan aseptacion social es que sean considerados arte, algo en lo que estoy de acuerdo, pero no me gusta generalizar.
    Miren el septimo arte, ya esta bastante acabado y sigue considerando al cine como arte a pesar que hace años que no veo una pelicula desente, por eso no me gusta generalizar, lo mimo pasaria con los juegos.

    Como dicen el arte es solo la opinion de la “alta sociedad” y la sociedad en general.
    Por eso, yo solo considero lo que es arte en base a mis gustos o “sentimiento” y no a lo que dicen un grupo social a si que supongo que soy omnívoro en esto 😀
    :::::::::::::::::::::::::::
    Oh hablando de esto mis profesores sabian dibujar con todos los estilos y eran muy conocedores del barroco, botero etc. pero tambien uno dibujaba a bart simpsom y otro anime. ¿Si sus artistas prueban de todo por que los de la alta cultura no?

  8. Sobre el debate con respecto a Wall-E y Ratatouille….como ambas películas me gustan, expondré por qué la considero importante en marcar algo que, quizás no sea alta cultura, pero sí por qué ha tenido relevancia, lo más brevemente posible.

    Ratatouille es una peli con un gran sentido moral y de la igualdad, ninguno vamos a negarlo. Tiene una serie de gags cómicos graciosos, un desarollo de la acción simpático y una situación tan “irrealista” e imaginativa como la amistad importante que se crea entre Remi y Linguini…que para los que no son amantes de disfrutar una animación porque la ven infantil, no verán más allá.

    En cambio, Wall-E es a mi modo de ver, el equivalente en animación a Avatar. Un mensaje ya usado muchísimas veces (lo destructivo y egoistas que somos los humanos), pero que es capaz de entretener a grandes y pequeños por igual…y en el caso de Wall-E, con menos palabrería y con más humor que Avatar. Y aunque sea absurdo, se puede decir que para muchos Wall-E es más “realista”…por el simple hecho de que todos han pensado que la humanidad puede llegar a una situación parecida (y que de hecho, para muchos ya está en camino).

    Ratatouille solo he conseguido que la vean unos pocos allegados y se entretengan más o menos….en cambio, Wall-E ha provocado en gente que no sentía ningún interés hasta quisiera repetir y verla con otros amigos…

    Personalmente, ambas me encantan,no le doy ni más,ni menos a otra, las dos transmiten sus respectivos mensajes…pero creo que la visión general sobre estas pelis se embarca de esta vulgar manera. :3

  9. No existe alta o baja cultura, existen altos y bajos consumidores. Yo soy capaz de filosofar mirando Bob esponja (fuera de joda) y hay gente que mira una película solo porque “no hay que pensar”.
    Tenes todo el permiso del mundo para hacer lo que quieras con mis comentarios.
    Por cierto, si no te molesta que me haga un poco de publicidad, escribí un artículo sobre videojuegos que me gustaría que chequeen. http://heiwashanti.blogspot.com/2010/02/el-cancer-de-los-videojuegos.html

  10. Exacto.
    Todo es cuestion de gustos y todo puede considerarse arte o no dependiendo mas del individuo que de la misma “cultura”

    El arte no es un producto de mercadeo… lastima que así se maneje.
    Y la cultura es usada solo como un medio de manipulacion, al igual que la politica o la iglesia.
    Alto o baja cultura: que mas da, la unica cultura en estos tiempos es la consumista.

  11. @Augusto

    Aunque cultura es un término muy difícil de definir cuando uno trata este tipo de temas, en general se considera que tanto la alta como la baja cultura son las dos caras de una misma moneda, que es la cultura en general. Por tanto, estoy en desacuerdo con la afirmación del señor Dolina de que sólo una de esas caras es auténtica.

    Al igual que usted, tampoco comparto la creencia de que la cultura popular no aporte nada. Si uno carece del entrenamiento adecuado, la cultura popular puede tratar temas con los que el individuo pueda identificarse e incluso de los que extraer algunas lecciones. Por el contrario, en esa misma situación, es posible que de la alta cultura no pudiera extraer nada.

    Algo que también se pasa por alto en estos debates es que la cultura popular lleva a algunas personas a la alta cultura, ya que pueden ser cada vez más exigentes con lo que leen o escuchan.

    También es cierto que actualmente los videojuegos se consideran más una “subcultura” que una cultura en ciertos sectores de la sociedad. Esto acabará con el relevo generacional, pero no creo que ningún título llegue a ser considerado más que cultura popular si la cosa sigue así.

    @Milton, Nuñez

    Me temo que tengo que discrepar en esto. Es cierto que también existen distintos tipos de consumidores, y que algunos pueden apreciar aspectos de la cultura popular que a muchos les pasan desapercibidos. Sin embargo no es cierto que la calidad objetiva de una obra dependa de la percepción del espectador.

    Comparemos dos series televisivas: El coche fantástico y The Wire. A cada cual le puede parecer una más divertida que la otra, en ese sentido sobre gustos no hay nada escrito. Sin embargo, la calidad de cada una no es la misma. En el coche fantástico el único objetivo es entretener. Sin embargo, The Wire ofrece un retrato de la disfunción institucional que existe en muchas ciudades de Estados Unidos (y también fuera de este país), o cómo las personas que se encuentran en dichas instituciones las utilizan para servirse a si mismos y no al ciudadano. Uno puede ver cómo la obsesión por las estadísticas paraliza al cuerpo policial, a las escuelas y a la clase política. Puede verse el efecto de regulación “no child left behind” de la era Bush, las desigualdades sociales, el fracaso de la guerra contra la droga y una cara más compleja del racismo a la que estamos acostumbrados a ver por televisión. Podría hablar más de esta serie pero sería muy pesado.

    Hay análisis muchos mejores en inglés, pero en español éste es un buen punto de partida:

    http://www.elpais.com/articulo/portada/Periodistas/maleantes/Baltimore/elpepusoceps/20090726elpepspor_3/Tes

    Sí existe una alta y una baja cultura. Para mí el problema es que la clasificación de muchas obras me parece bastante arbitraria. The Wire y El coche fantástico son muy diferentes y sin embargo ambas se consideran cultura popular, algo con lo que no estoy de acuerdo. The Wire cumple con muchos de los criterios generales que convierten a una obra en alta cultura, y sin embargo no la veremos allí, porque quien decide a que grupo pertenece cada una quizá no siempre tenga el bagaje cultural necesario para apreciarla en su justa medida. Otras veces ni siquiera le dan una oportunidad por tratarse de un producto de masas, dando prioridad a la exclusividad y dejando la calidad en segundo lugar.

  12. “Sin embargo no es cierto que la calidad objetiva de una obra dependa de la percepción del espectador”

    Bueno supongo que tienes razón.
    Una cosa es cultura otra es la popularidad.
    Es como comparar las obras de Shakespeare y sus complicados personajes con los clichés de libros como Crepúsculo.

    Pero aun pienso que el consumismo es la base de la cultura moderna.

  13. Bueno Daniel Wall-E tiene ese reconocimiento por que aunque no es la primera cinta que trata esos temas si fue de las poquisimas de ahun siendo para toda la familia logro tocar generos balardianos y cyberpunk que por lo general se consideran de solo adultos.
    De hecho para darse cuenta de su alcance Wall-E gano el hugo a mejor representacion dramatica por que sus valores e ideas reflejaban lo mejor de la ci fi de los ultimos 50 años, bueno si se podra decir que al final los premios no implican calidad por si misma solo que cumplen con los requisitos de los jueces que otorgaron su veredicto (Y si incluso a estas fechas se puede poner en duda los hugo que ya no son lo que eran prueba de ello Harry Potter a ganado 2 hugos ¿Pero si las novelas de J.K no son ciencia ficcion que rayos pasa?) pero para ganarle a dos pesos pesados como the dark knight y galactica pues si es de considerarse.
    Ahora como todo la calidad de un producto no implica que es a prueba de indiferencia por que seran muy buenas las opiniones y mensajes de la obra pero tambien cabe pensar que puedan no ser compartidas o peor que sean repudiadas ante formas diferentes de ver la vida.
    Por lo demas me parece correcto su punto de vista que no niega los valores de la pelicula pero no los considera suficiente para ser una obra maestra, su comentario es mas maduro que solo limitarse a considerarlo una niñeria algo que que escuchado muy seguido.

  14. Gracias por la explicación. Sólo quería clarificar que porque yo diga que me gustó más Ratatouille no pretendo decir que ésta tenga que ser necesariamente mejor que Wall-E. Es posible que yo por la razón que fuera no estuviera preparado para apreciar Wall-E en su justa medida o que se me escaparan cosas. Pero lo importante es que la gente que sepa apreciarla explique su grandeza a quienes no lo vemos así, como han hecho usted y Felwyn aquí.

    De todas formas en este tipo de obras no veo tanto problema, porque son relativamente accesibles a todo el público. Sin embargo, cuando se trata de “alta cultura”, me parece más problemático. En este artículo

    http://blogs.elcorreo.com/divergencias/2009/10/28/los-best-sellers-y-gran-literatura

    se afirma que cierto best-seller es una mala novela pero que una obra menos popular es mejor porque “se vé que aspira a algo más”, aunque nunca se explica el qué. Quizá sea cierto, pero si el crítico no nos dice por qué, comienzo a sospechar que se trata de su inaccesibilidad por parte del público y poco más.

    Es por todo esto que escribo esos detallados artículos sobre los Megaten. Los considero mejores que otros RPGs, pero al menos me tomo la molestia de explicar mis razones, algo que críticos como el que he citado no hacen (o sí, pero de una manera muy vaga) porque se entiende que hay un conocimiento asumido y compartido con las personas a las que se dirige (presumiblemente de su mismo estatus).

    Y para finalizar, con esto no estoy hablando de obras como El Quijote, que todos hemos estudiado por qué son buenas e importantes (al menos cuando yo iba al colegio), sino a otras más recientes que no todos hemos podido aprender por qué son mejores que aquellas que nosotros preferimos.

  15. Impresionante artículo, tu texto me ha absorbido completamente mientras lo devoraba, ¡bravo!. Algunos apuntes, porque el tema me parece interesantísimo:

    Mi naturaleza es más omnívora que unívora, siempre he defendido la cultura antes como industria que como expresión artística es decir, la cultura es entretenimiento por encima de todo y luego vienen las percepciones sociales, las críticas, los símbolos, las enseñanzas, etc. Esto no quiere decir que no destace la nada desdeñable importancia de los valores, digamos, sociales y reflexivos de la cultura. Por ejemplo, mi serie favorita es A dos metros bajo tierra, un buen ejemplo -creo- de alta cultura, no sólo por su calidad sino porque además es bastante minoritaria. Pero también soy un enganchado de Perdidos, porque sé destacar las virtudes de cada cosa.

    En el tema de los videojuegos, que es el que más controlo, la prensa juega un papel importantísimo. Para empezar porque no es sólo que el círculo de videojugadores esté sumido en la baja cultura (como bien apuntas, sólo por encima de la pornografía), sino que, incluso dentro de la baja cultura o cultura popular, aún somos unos perfectos desconocidos para la inmensa mayoría. Es decir, somos un grupo marginado dentro de los marginados culturales. Creo que la única vía para que los videojuegos lleguen a considerarse algún día parte de la alta cultura pasa por la baja cultura forzosamente. Por eso, movimientos como el de Vandal – 20 Minutos y Eurogamer – La Vanguardia son beneficiosos en el sentido de que los videojuegos comenzarán a ser vistos como una porción más del pastel de productos culturales, los críticos empezarán a fijarse en los movimientos del sector y todo esto repercutirá en mayores ingresos en la industria que, espero, se traduzcan en contenidos de mayor calidad que poco a poco nos acercarán a la alta cultura. Pero sin aprobación social como paso intermedio es imposible.

    Por parte de los periodistas culturales (ya de por sí una especialización maldita, si nos ponemos rigurosos), hay que centrar los esfuerzos en: lograr un equilibrio entre independencia informativa y dependencia económica de los anunciantes/desarrolladores; trabajar una ética basada en la transparencia del medio hacia sus lectores y la credibilidad (hoy en día, sobre todo en Internet, se hace más importante que nunca la conexión lector-redactor, un pacto de sinceridad, de diálogo y una actitud que no esconda intereses ocultos); dejar a un lado las notas numéricas y destacar los valores artísticos pero también los técnicos, señalando fallos y virtudes independientemente del tirón mediático del juego (resumiendo, tratar por igual a un Modern Warfare que a un Operation Flashpoint); y, sobre todo, premiar la originalidad.

  16. Daniel pues yo mismo e caido en esos deslices y es que lo reconosco no soy ni la mitad de maduro que deberia ser, hay veces que ese lado emocional que nos pone a la defensiva me le entrego mas rapido que al lado racional y propositivo y asi termino por soltar los argumentos mas genericos y a veces ofensivos al final me dejo llevar por los prejuicios.
    Y es que es verdad lo que comentaban mas arriba a veces tenemos una actitud de despreciar todo aquello que a nustros ojos no consideramos importante actitud que de hecho es muy humana pero totalmente injusta.
    Es verdad al menos deberiamos argumentar con razones (No con quejas tal como hicieron con ese informe sobre los videojuegos que fue un desproposito) y siempre teniendo en cuenta que todo medio tiene en cuenta las experiencias e ideosincracia de su publico receptor exigirle a ese publico que cambie sus ideas sin cuando menos explicar las razones, necesidades y beneficios del cambio nos pone como prepotentes, pedantes y egocentricos que no desperdiciamos un momento para enzañarnos con el publico.
    De hecho un amigo me comento que eso tiene nombre se le llama despotismo ilustrado.

  17. puedes hacer un articulo sobre breath of fire

  18. Me encantaría (especialmente la segunda parte), pero me temo que últimamente ando escaso de tiempo. Lo apuntaré con otras peticiones que he recibido a ver si puedo en el futuro.

  19. Hola, Dani y a todos. Llego tarde a la discusión, pero no quería dejar de opinar… Bueno, sobra decir que felicidades por el artículo, porque sólo ver cómo se ha desatado el debate ya emociona.

    Yo tengo un concepto diferente de cultura, porque soy arqueólogo, y para mí la cultura es todo lo que hacen los seres humanos como miembros de una sociedad. Esto engloba conceptos como arte e industria, así que incluso la pornografía entra a ser cultura. Por el momento me alejo mucho de los conceptos que estabais tratando anteriormente, pero ya volveré a ellos.

    Bien, si la cultura engloba los objetos que los humanos hacen en cuanto miembros de la sociedad, entonces, ¿cómo se analiza? Comparemos un videojuego con un cacho de cerámica, con la perspectiva de un arqueólogo de dentro de mil años. Imaginemos que el arqueólogo, entre otras muchas asunciones, tiene la capacidad de poner el videojuego a funcionar en una plataforma adecuada (una viceoconsola o un ordenador, vamos), pero que no sabe qué es un videojuego. Bueno, tanto en la cerámica como en el videojuego hay infinitas lecturas posibles y diferentes niveles de lecturas. Por lecturas entiendo una dimensión donde el objeto se define, que puede ser longitud, anchura, color, peso… o conceptos más complejos, como jugabilidad, calidad de gráficos, velocidad de carga. Por niveles de lecturas entiendo la capacidad del analista de contextualizar e interpretar, de “medir” esas dimensiones en su contexto. Está claro que el nivel de lectura depende de dos factores muy diferentes, a saber: la capacidad individual del analista (es decir, el nivel de conocimientos que el analista tiene sobre el tema en concreto, sobre la dimensión) y la distancia (no física) que lo separa de la sociedad o grupo social que está estudiando. Para poner un ejemplo de arqueología, en mi caso: soy un especialista en cerámica andalusí islámica, pero no tengo ni idea de cerámica de la dinastía Ming o azteca. Tampoco domino todos los temas de la cerámica andalusí: soy bueno con los procesos de producción y distribución, conozco las formas, pero soy bastante malo con el análisis estético y por supuesto no puedo interpretar un análisis químico sin ayuda de un químico o un geólogo.

    Volvamos a los videojuegos. ¿Qué haría un arqueólogo de dentro de mil años analizando un videojuego? Seguramente, en primer lugar establecería una clasificación cronológica, situando los videojuegos técnicamente más complejos en un momento más avanzado y los más simples después (Mario Bros más antiguo que Super Mario Bros, Legend of Zelda más antiguo que Tomb Raider…) ¡Y se equivocaría muchas veces! En algún momento, al comparar cronologías con otros elementos de la misma sociedad (por ejemplo, con botellas de Coca-Cola en los mismos contextos que los videojuegos, podría darse cuenta que algunos videojuegos sencillos son en realidad mucho más modernos que otros más complejos (por ejemplo, los videojuegos que ahora se distribuyen gratuitos por Internet son más modernos que otros de consolas de última generación…). Es decir, que se darían cuenta que los videojuegos deben relacionarse con la sociedad tanto para entender a los mismos videojuegos como para entender a la sociedad, porque la relación que se establece entre los dos es una dialéctica (aunque subordinada, porque la sociedad incluye la totalidad de un sistema complejo del que los videojuegos son sólo una parte).

    Bueno, y ahora volvemos a la cultura. Si aceptáis, aunque sólo sea por un momento, esa definición extremadamente pragmática de cultura y esa relación con los videojuegos, creo que estáis más cerca de esa aparente disfunción entre alta cultura y baja cultura. Para empezar, desde este punto de vista, no sólo discrepo con el señor Dolina en que sólo la alta cultura es auténtica, sino que discrepo con Dani en que existan realmente criterios objetivos para determinar lo que es alta y baja cultura. Existen criterios, sí, y hasta cierto punto son objetivos en el sentido de que son fruto de una negociación social que en su mayor parte se realiza inconscientemente (es lo que Bourdieu llama el “habitus”). La buena noticia es que es una negociación, ya que todos entramos en ella (y la opinión de Dani en este artículo, por ejemplo, es una maravillosa manera de hacerlo). La mala noticia es que individualmente sufrimos sus consecuencias, nos guste o no (como el Contrato Social de Rousseau… ¿a alguien le han pedido que lo firme?). No siempre se sufre, sin embargo. A todos nos parece culturalmente reprobable el incesto, el abuso de los débiles, la pedofilia, el asesinato, y esa reprobación, aunque para algunos venga de inspiración divina o de otra forma de moralidad, pasa por ser socialmente sancionada y aprobada (por ejemplo, otras sociedades no reprobaban la homosexualidad…). Pero esto es otro tema.

    En fin, lo que quiero decir, es que los que deciden entre la alta y la baja cultura son todos los miembros de la sociedad, ya sea por expresión de la opinión (a favor o en contra), por aclamación o por dejación. Algunas opiniones pesan más que otras, por supuesto, pero incluso esas opiniones cambian con el paso de las generaciones (lo que Dani decía del cambio generacional en los videojuegos).

    NO soy un aficionado muy grande a los videojuegos (no me preguntéis por qué leo este blog), pero ni nunca los he considerado subcultura ni tengo la menor duda de que en un futuro muy próximo (si no ya) pasarán a ser considerados Arte con mayúscula. Eso se debe en parte a los omnívoros culturales, pero también a que existen magnates (¿o mecenas?) interesados en la expansión de productos caros de fabricar y más caros de vender a un público amplio. Por esa misma razón es muy difícil que los juegos de rol (los de mesa y dados) alcancen nunca ese estatus. Por supuesto, eso resultará en la emergencia de un sector de crítica que empezará a distinguir lo que es alto de lo que es bajo (de hecho ya hay algo de eso). Eso no es malo, sólo espero que lo hagan con el respeto y el cuidado que pone Dani en este blog cuando opina.

    Como colofón a todo (si es que alguien queda leyendo aún), creo que como aficionados a los videojuegos deberías dejar de preocuparos de que se os considere freakies por el resto de la sociedad. De hecho, os apuesto lo que queráis a que dentro de poco veréis a vuestros amigos de la infancia que se reían de vosotros porque jugábais a videojuegos o al rol o leíais comics presumiendo de que ellos también lo han hecho toda la vida. Hoy en día ser freakie, otaku o cualquier cosa de esas está de moda. Creo que deberíais prepararos para el paso siguiente. Como jugadores experimentados, deberíais liderar una reflexión profunda que acompañe a la entrada de los videojuegos al palco de honor de las artes, una reflexión sobre los valores que éstos pueden transmitir y han transmitido a lo largo del tiempo. Es decir, deberíais ser sobre todo vosotros los que ayuden a la sociedad a diferenciar de buenos y malos videojuegos para que éstos alcancen las mayores cotas de aprovechamiento y expresión de la sociedad en la que vivimos (para bien o para mal). Eso no se hará fijando unos criterios estéticos a los que adherirse, sin embargo, sino pensando pensando pensando. Este blog es un grandísimo ejemplo de todo ello.

    Saludos, y perdón por el rollo.

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