Lección de historia en Rome: Total War

Rome: Total War ha sido aclamado como uno de los mejores videojuegos de estrategia jamás creados tanto por su fidelidad histórica y complejidad política como por sus espectaculares batallas en tiempo real. Sin embargo, este artículo no tratará sobre sus ya conocidas virtudes, sino de cómo consiguió algo que ningún otro juego había logrado hasta ese momento: hacerme dudar de la imagen que tenía sobre la figura histórica de Julio César.

Cuando comencé estudiar Historia de Roma en las escuelas primaria y secundaria, la imagen que tenía del posteriormente nombrado “dictador a perpetuidad” no era precisamente positiva. Había tomado la República por la fuerza de las armas y allanado el camino para que, con Augusto, Roma se convirtiera finalmente en un imperio. Todo ello resonaba con el pasado reciente de mi país, España, donde un golpe militar había terminado con la Segunda República y establecido una dictadura bajo la cual mi familia no pasó sus mejores días.

Como pueden ver, estaba proyectando el pasado reciente sobre un hecho que no se parecía a éste en absoluto. Aunque la República Romana en aquel momento no fuera más que una oligarquía buscando enriquecer a sus miembros, la mera palabra “república” y el hecho de que realizaran elecciones sonaba mucho mejor a mis oídos que títulos como el de “dictador”, que sugería un poder absoluto. Obviamente la situación de la República Romana era mucho más compleja de lo que yo pensaba en aquel momento, pero como estudiante de secundaria sólo podía juzgar con los datos que tenía en mis manos. La historia estaba llena de hombres (y excepcionalmente, mujeres) que habían luchado por hacerse con el poder sin otro fin que el poder mismo, traicionando, sacrificando e incluso asesinando a sus familiares y amigos más allegados, renunciando a sus principios y destruyendo instituciones políticas. Nada me hacía suponer que Julio César fuera a ser una excepción en esa larga lista de gobernantes.

Julio César (100 a.C.- 44 a.C)

Cuando comencé mis estudios universitarios en el área de Historia, habría sido el momento perfecto para ampliar mi perspectiva en este tema, pero nada más lejos de la realidad. Para mi sorpresa (y la de muchos otros estudiantes) la historia política había caído en desgracia, siendo acusada por muchos de glorificar la vida de los poderosos mientras se ignoraba la del pueblo, o por considerarse poco relevante en comparación con la historia económica y social. En consecuencia, aunque conseguí profundizar mi conocimiento sobre la República y el Imperio, nunca llegué a conocer los motivos de Julio César para entrar en Roma. Además, al no tratarse de mi especialidad geográfica ni cronológica, tampoco me preocupé siquiera por la pregunta. Su motivo debía haber sido el hambre de poder.

Años más tarde caería en mis manos el aclamado videojuego Rome: Total War, encumbrado por la nueva ola de entretenimiento basada en la Antigua Roma que comenzó con la película Gladiator y que continúa viva hasta el día de hoy con series como Spartacus: Blood and Sand. Anhelando desde hacía tiempo un buen juego de estrategia, decidí darle una oportunidad a este título, de la que puedo decir que jamás me arrepentí.

Comencé a jugar con la familia Juliae (estirpe de la que precisamente provenía Julio César) no por otro motivo que el de ser la facción más indicada para los principiantes. Frente a mí tenía varios asentamientos galos, mientras que las facciones de Scipii y Brutii se dedicaban a combatir en el Norte de África y Grecia respectivamente, con el senado presidiendo sobre todas ellas. Tras recordar la escasa simpatía que siempre había tenido hacia Julio César, decidí que intentaría hacer todo lo posible por llevarme bien con el senado y expandir el poder de la República sin convertirme en un dictador.

El inicio de la campaña

Mi idealismo pronto chocó con la dura realidad que presentaba el juego. Mis cuentas no se encontraban precisamente saneadas, y con las escasas poblaciones que tenía bajo mi poder poco podía hacer para cambiar dicha situación. Por otra parte, frente a mí tenía varios asentamientos galos poco fortificados que se mostraban bastante apetitosos y podrían ayudarme a llenar las arcas. Por tanto, aunque el senado no me había ordenado atacar a los galos, decidí que sería una estrategia útil a largo plazo para llevar a cabo otro tipo de empresas. Tras un período de provocación e intimidación política (incluyendo una protesta oficial de los galos ante el senado) ocupé el primer asentamiento, desencadenando una guerra total entre ambas facciones.

En este punto comencé a darme cuenta de que había dos indicadores de popularidad: uno para el pueblo y otro para el senado. Las iniciales victorias ante los galos elevaron mi popularidad con el primero, pero comenzaron a disminuir la que tenía con el segundo. No estaba seguro de qué pasaría si cualquiera de los dos llegaba al máximo o al mínimo, pero estaba decidido a no traicionar al senado.

La popularidad de cada facción con el senado y el pueblo

Pronto tuve la oportunidad de complacerle, pues me enviaron a realizar una misión alejada de la Galia. Tras cumplirla exitosamente, mi popularidad con el senado volvió a subir y pensé que me encontraba en el camino correcto: el de un jefe militar alabado tanto por el pueblo como por sus líderes políticos.

Tras cumplir varias misiones con el senado, me encontré en una encrucijada. Por una parte, acatar las órdenes me proveía no sólo con su apoyo, sino también con recompensas económicas y algunas unidades. Como contrapartida, aquellas misiones debían ser cumplidas en un determinado número de turnos, y en ocasiones requerían de un esfuerzo logístico y una inversión económica mayor que la recompensa recibida. Esto era especialmente cierto conforme avanzaba el juego, ya que las misiones del senado se volvían cada vez más difíciles.

La conquista de las Galias, sin embargo, era mucho más gratificante en casi todos los sentidos. Su proximidad geográfica hacía que el esfuerzo logístico fuera mínimo (no necesitaba barcos, por ejemplo), las batallas se ganaban con mayor facilidad que frente a otros enemigos y las victorias me traían muchas más riquezas. Además, el pueblo apreciaba los triunfos y mi popularidad con él se elevaba rápidamente. Aunque por supuesto no todo era de color de rosa: necesitaba soldados para mantener el orden en las ciudades y tropas para defender los asentamientos fronterizos de los galos y otras tribus.

Misiones del senado

Pese a que intenté mantenerme fiel hacia el senado, llegó un momento en el que tuve que renunciar a cumplir una de sus misiones porque tenía las manos llenas en la Galia y parte de Germania. Sencillamente, no disponía de los recursos necesarios para enviar ayuda. Por una vez pensé que no pasaría nada, y efectivamente nada pasó. Sin embargo al cabo de unos pocos turnos el senado volvió a encomendarme otra misión. Tenía que navegar para tomar un asentamiento en Grecia, algo que logísticamente me resultaba bastante complicado, ya que tenía varios frentes abiertos y pocos hombres que enviar. Finalmente despaché un pequeño contingente que no llegó a tomar la fortaleza griega en el límite de turnos establecido, enfureciendo al cada vez más exigente senado y reduciendo mi popularidad con el mismo.

Pasado un tiempo decidí que mis triunfos militares en la Galia eran más que suficientes y no necesitaba la aceptación del senado. Al fin y al cabo mi popularidad con el pueblo había aumentado como nunca, mis arcas estaban llenas y mi poder era superior al del resto de facciones romanas. Comencé a rechazar las misiones del senado una tras otra, concentrando todos mis recursos en conquistar los territorios vecinos y consolidar mi poder. A fin de cuentas era el camino más fácil y lucrativo. Todavía estaba empeñado en no traicionar al senado, pero tampoco sentía que fuera necesario obedecerlo para evitar el conflicto.

Al cabo de muchos turnos y numerosos triunfos militares, mi popularidad con el senado llegó al mínimo, mientras que por el contrario, con el pueblo había llegado a su punto máximo. En este momento el videojuego me informó de que sería posible ocupar Roma, puesto que el pueblo me tenía en tan alta estima que no dudarían en apoyar un gobierno liderado por el jefe de mi facción, la casa Juliae.

Una oportunidad para tomar Roma

Empeñado en mantener mis buenas relaciones con el senado, abandoné la oportunidad y continúe centrándome en mis conquistas. Lo que yo desconocía era que el senado también estaba al tanto de que ahora yo podría entrar en Roma y deshacerme de ellos gracias a la popularidad que me había ganado entre el pueblo.

Asustado ante mi creciente poder, el senado decidió enviarme una carta demandando el suicidio del jefe de mi facción, por considerar que era un peligro para la República. Negarse a obedecer dicha orden me convertiría en un enemigo de Roma y de todas sus facciones.

Pero mi tozudez no tenía límites. No quería convertirme en Julio César, de modo que decidí sacrificar al líder de mi facción para calmar los nervios del senado y confirmar la lealtad de la casa Juliae a Roma. Esto funcionó durante unos cuantos turnos, hasta que una nueva carta volvió a exigir el suicidio del recién nombrado líder. En este punto parecía claro que la guerra sería inevitable. Continuarían enviándome este tipo de cartas hasta que la casa Juliae terminara por desaparecer. Ya no quedaba otra alternativa. Tendría que tomar Roma para acabar con el senado.

Esta vez permití el suicidio del líder de mi facción no por calmar al senado, sino por motivos estratégicos, pues me permitiría el número suficiente de turnos para enviar un gran ejército a Roma sin que mi llegada fuera impedida por el senado o por las dos restantes facciones romanas. Ya en las murallas de la ciudad, soborné a las únicas legiones que podían plantarme cara y capturé Roma sin oposición. Pese a toda mi resistencia, había terminado convirtiéndome en Julio César.

Fin de la campaña

Una vez completada la campaña comencé a preguntarme si Julio César había sido un hombre ávido de poder, como yo lo recordaba, o si habría sido víctima de las circunstancias de su tiempo, como me había ocurrido en Rome: Total War. Curioso como soy por naturaleza, desempolvé uno de los manuales que tenía sobre Historia de Roma y comencé a leer sobre él. La similaridad de los hechos con respecto a lo que había experimentado en el videojuego resultaron asombrosas.

Cuando César fue nombrado procónsul de la Galia Cisalpina, y posteriormente de la Transalpina, había acumulado una deuda considerable que se anticipaba difícil de pagar. Sin embargo, contaba a su cargo con cuatro legiones y una frontera por conquistar. Gracias al desorden causado por la migración de los helvecios y los conflictos internos de otras tribus galas, César consiguió orquestar la conquista de las Galias y propulsar su carrera política, afianzando su poderío militar, enriqueciendo sus arcas y aumentando su popularidad con el pueblo romano.

El senado, temeroso del creciente poder de César, había lanzado dudas sobre la legalidad de dicha campaña y especialmente de una incursión en Germania. Con el triunvirato destruido y Pompeyo defendiendo la causa del senado, se exigió a César que licenciara a sus legiones y volviera a Roma, donde le esperaría un juicio en el que como mínimo sería exiliado y que probablemente terminaría con su condena a muerte. En vista de tales circunstancias, decidió cruzar el Rubicón y hacerse con el control de Roma.

El senado

A continuación citaré fragmentos de dos artículos (aquí y aquí) que describen con más detalle la cadena de sucesos que empujó a Julio César a marchar sobre Roma, resaltando en negrita las partes que coinciden especialmente con mi experiencia en Rome: Total War. He decidido emplear como fuente la (denostada por algunos) Wikipedia, para que los lectores tengan un fácil acceso a ellos, pero la información recogida ha sido contrastada y es veraz.

César recibió poderes proconsulares para gobernar las provincias de Galia Transalpina (…). Eran unas provincias muy buenas para alguien que, como César, y siguiendo la típica mentalidad del procónsul romano, no tenía intenciones de gobernar pacíficamente, pues estaba necesitado de bienes para pagar las fabulosas sumas que adeudaba.

Los enemigos de César, influenciados por Catón el Joven, intentaron destruirle políticamente debido a su creciente popularidad entre la plebe y al aumento de su poder procedente de sus logros en las Galias. Es por ello que intentaron arrebatarle el mando de gobernador de las Galias, para posteriormente juzgarle, desatándose una grave crisis política que inundó de violencia política las calles de Roma (…).

Pero a pesar de sus éxitos y de los beneficios que la conquista de Galia llevó a Roma, César continuaba siendo impopular entre sus pares, en particular entre los conservadores que temían su ambición (…).

El poder de César era visto por muchos senadores conservadores como una amenaza. Si César regresaba a Roma como cónsul, no tendría problemas para hacer aprobar leyes que concediesen tierras a sus veteranos, y a él una reserva de tropas que superase o rivalizase con las de Pompeyo. Catón y los enemigos de César se opusieron frontalmente, con lo que el Senado se vio envuelto en largas discusiones sobre el número de legiones que debería de tener bajo su mando y sobre quién debería ser el futuro gobernador de la Galia Cisalpina e Iliria (…).

Pero cuando el Senado le contestó definitivamente impidiéndole concurrir al consulado y poniéndole en la disyuntiva de licenciar a sus legiones o ser declarado enemigo público, comprendió que, escogiera la alternativa que escogiera, se entregaba inerme en manos de sus enemigos políticos. El 1 de enero de 49 a. C., Marco Antonio leyó una carta de César en el Senado, en la cual el procónsul se declaraba amigo de la paz. Tras una larga lista de sus muchas gestas, propuso que tanto él como Pompeyo renunciaran al mismo tiempo a sus mandos. El Senado ocultó este mensaje a la opinión pública (…).

Metelo Escipión dictó una fecha para la cual César debería haber abandonado el mando de sus legiones o considerarse enemigo de la República. La moción se sometió inmediatamente a votación. Sólo dos senadores se opusieron, Curio y Celio (…).

En vista del cariz que tomaban los acontecimientos, César arengó a una de sus legiones, la decimotercera, y les explicó la situación preguntándoles si estaban dispuestos a enfrentarse con Roma en una guerra donde serían calificados de traidores en caso de perderla (…).

Al anochecer, junto con la Legio XIII Gemina, César avanzó hasta el río Rubicón, la frontera natural entre la provincia de la Galia Cisalpina e Italia y, tras un momento de duda, dio a sus legionarios la orden de avanzar. La guerra había comenzado.

En resumen, Julio César y el senado parecen haber sido víctimas de lo que se denomina una trampa hobbesiana, que no es sino el temor entre dos grupos o individuos a que el otro le ataque primero, desembocando normalmente en un ataque preventivo (aunque ninguno de los bandos quisiera en principio luchar). Un clásico ejemplo de trampa hobbesiana lo encontraríamos en un hombre que descubre a un ladrón en su hogar cuando ambos están armados. Quizá ninguno de ellos tiene la intención de disparar, pero el miedo a que el otro lo haga primero lleva a ambos a intentarlo.

Obviamente el contexto histórico que llevó tanto a César como al senado a tomar aquellas decisiones es demasiado complejo como para quedar reflejado  correctamente en un videojuego, pero el resumen realizado por Rome: Total War de manera totalmente interactiva constituye una lección magistral y digna de elogio. No sabemos si César tenía intención de convertirse en dictador desde el principio o si habría respetado la República de no haber sido amenazado con ser juzgado. Quizá fue presa de las circunstancias de su tiempo o quizá no,  pero lo que sí puedo afirmar es que después de haber jugado a Rome: Total War, ahora tengo mis dudas.

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17 comentarios

  1. Acabo de darme cuenta de que el vídeo adopta automáticamente una resolución de 240p. Para verlo con mayor calidad de imagen hay que cargarlo, luego presionar sobre la pestaña de 240p y cambiarla a 360p.

  2. Aunque nunca vi la figura de César como la de un tirano (por ejemplo, no es el líder que quería Cicerón pero tampoco el tirano que tanto hubiera temido), éste artículo me ha resultado muy interesante. Nunca sabremos si llegar a dictator era su intención desde el principio o si se vio presionado a serlo, pero la duda siempre estará ahí.

    Interesante además la mención al juego. La verdad es que mi ignorancia en los juegos de estrategia es bastante grande y no lo conocía (no tengo demasiado tiempo de jugar y cuando lo hago suele ser a RPG’s, aunque eso no significa que no me gusten otros géneros). Además, hace poco compré de segunda mando el Imperivm III y me engañaron porque la instalación se paraba a la mitad porque el disco estaba rallado… Así que éste sería una buena excusa para quitarme el mal sabor de boca.

    Saludos y gracias por el artículo. Lo único que no he podido ver aún es el vídeo porque mi internet es algo deficiente…

  3. Gracias por comentar.

    Los tres Imperivm son muy entretenidos, aunque me gustó más Rome: Total War porque va más allá de lo militar e incluye factores económicos, políticos, etc. De hecho puedes dejar que el ordenador resuelva las batallas por ti y ocuparte más de la gestión.
    Imperivm por otra parte va directo a la acción en tiempo real, que puede ser mejor dependiendo de las preferencias de juego de cada uno.

  4. Tu relato podría ser una autobiografía del propio Julio César comentando qué cosas tuvo que llevar a cabo. Hacen falta más textos como este para dar un valor moral merecido a videojuegos como éste.

    Muchas gracias!

  5. […] Lección de historia en Rome: Total War: Un excelente análisis del aporte de los videojuegos al aprendizaje. El escritor, un licenciado en Historia de la Universidad de Granada, se sumerge a la Roma Antigua de la mano del videojuego de Creative Assembly y relata la experiencia con la pericia que solo un experto de la materia puede tener. De lectura obligada. ADVERTENCIA: Después de leer el artículo vas a querer jugar Rome: Total War (y ese es un juego muy “enviciante” y consume tiempo). ¿Por qué las mujeres se enamoran de los hombres malos?: "Las mujeres, por razones que todavía ningún científico han logrado descifrar, adoran a los malos. Los tipos demasiado buenos las hacen bostezar y las hacen decir mentiras piadosas para esconderse de ellos. Este texto de Marta Orrantia trata de resolver ese particular enigma femenino, mientras tanto, Juliana Galvis decidió ir mucho más allá y se acostó con el diablo." Hey, chicas, ¡yo soy malísimo! X( Top 10 – Poder de vapor: Mucho se ha hablado de steampunk y mucho se ha visto por también. Pero lo cierto es que la gran mayoría de esas cosas color bronce que nos regalan los artistas de la red no suelen funcionar. Y, si lo hacen, no funcionan a vapor. Las cosas del Top 10 del enlace funcionan pura y exclusivamente a vapor. Sin excusas. Desde un R2-D2 hasta un tanque a control remoto. Esto no es steampunk, es nada más que steam. […]

  6. Gracias Flavio. Es necesario mostrar nuestro aprecio por este tipo de temas en los videojuegos que nos gustan. Si el periodismo especializado continúa prestando únicamente atención a los aspectos técnicos de los videojuegos, probablemente eso sea lo único que nos ofrezcan los desarrolladores.

  7. Pues si les ha gustado Roma Total War, instalen el mod del juego que se llama Europa Barbarorum, que cambia radicalmente todas las unidades, ciudades, mapas, dificultad, etc. TODO es realista, incluso en la batalla, los generales dan las órdenes en latín, o en celta (si se es un galo).
    Es 100 veces más entretenido.

  8. Yo a Rome:Total War nunca he jugado. Al que si que he jugado es a Empire Total War, un título de la misma saga ambientado en el siglo XVIII, pero deja que desear sobretodo en lo que a gestión se refiere.

    Para alguien con afición a la historia y a los videojuegos, ambos a nivel aficionado bajo, es un placer poder leer una valoración de este tipo de un juego de estrategia. Como ing. informático, también me interesan los aspectos técnicos, pero como comentaba un compañero por ahí es cierto que muchos de los juegos actuales, centrándonos en el género de estrategia, carecen de contenido y no dejan de ser puros juegos de acción ambientados en tal o tal otra época sin ningún interés en la veracidad.

    A todos los que les gusten los juegos de estrategia con un enfoque histórico les recomiendo varios títulos de la productora Paradox Entertainment. En concreto la segunda entrega del juego Victoria. Para que se hagan una idea, a partir de este juego (de hecho de la primera versión del juego) empecé a conocer e interesarme por cosas como la unificación de Alemania e Italia o las tensiones nacionalistas dentro del imperio austríaco. Si eventualmente el autor del artículo probase el juego me encantaría leer alguna valoración suya 😉

  9. Como aficionado a la historia y a los videojuegos de estrategia me ha encantado leer esta valoración. Aunque como ing. informático me atraen e interesan también los aspectos técnicos de los juegos, es cierto que, como bien decía un compañero en un post anterior, la mayoría de este tipo de juegos carecen de contenido. Muchos de ellos se reducen a meros juegos de acción ambientados en tal o tal otra época, pero sin ningún interés en la veracidad o coherencia del juego. Hay que reconocer que el desarrollo de un juego que sea históricamente veraz y coherente y, a la vez, flexible y entretenido supone un reto enorme en lo que respecta al desarrollo de la inteligencia artifical, así como en la documentación, y todo ello suele traducirse en costes de producción muy altos.

    Para los que les gusten este tipo de juegos, les recomiendo varios títulos de la productora Paradox Interactive. En concreto, la segunda versión (debidamente parcheada) de Victoria. Para que se hagan una idea, fue en la primera versión de ese juego donde conocí y empecé a interesarme por cosas como la unificación de Alemania, la de Itália, las tensiones nacionalistas dentro del Imperio austríaco, las guerras franco-prusianas, el crecimiento de los Estados Unidos… En fin, como ven un juego muy completo. Si eventualmente el autor de este artículo decidiese probarlo (éste o sinó cualquier otro) me gustaría mucho poder leer una valoración con un enfoque parecido al de este artículo. Y creo que a otros seguidores también les gustaría 😉

  10. La situación que describes me retrotrae a los tiempos cuando jugaba Civilization II y evitaba instalar un régimen democrático a causa de los problemas que contraía: las tropas causan descontento estando fuera de la ciudad, el Senado puede obligarte a firmar un armisticio y ocurrirá una revolución (cambio de gobierno con algunos turnos de anarquía entre medio) si no lo respetas.

  11. Recuerdo una experiencia parecida en el primer Civilization. Como jugador me gustaba tener un control absoluto al que estaba acostumbrado desde épocas pasadas, y la democracia me traía muchos quebraderos de cabeza. Supongo que todos tenemos un pequeño dictador dentro 🙂
    Eso sí, como contrapartida era el sistema que más riqueza y recursos aportaba.

    El comunismo por el contrario era régimen político más avanzado del juego, pero a nivel económico no daba para mucho.

  12. La situación que describes me retrotrae a los tiempos cuando jugaba Civilization II y evitaba instalar un régimen democrático a causa de los problemas que contraía: las tropas causan descontento estando fuera de la ciudad, el Senado puede obligarte a firmar un armisticio y ocurrirá una revolución (cambio de gobierno con algunos turnos de anarquía entre medio) si no lo respetas.

  13. @Genis, Marisol

    Sus comentarios cayeron en la cola de spam sin que yo me diera cuenta. Por fortuna he podido rescatarlos y ahora pueden leerse, aunque hayan pasado algunos días. Les pido disculpas.

  14. para tu encrusijada creo que se te olvido una frese famosa y esta contenida en ella lo que pensaba cesar al pasar al rubricon
    -alea jacta est-

    muy entretinido tu blog cuando jugue el rome fue para jugar con alejandro jaja, pero cuando jugue el rome tuve la misma encrucijada tuve que matar a un genio militar que terminaria mi campaña en britania en 1 (como lo mate por orden del sanado me tomo cerca de 30 turnos) y por el otro lado el pontifice maximus del senado era mi heredero que lo deserede para darle la herencia del lider al genio militar. jaja

  15. […] Otro ejemplo muy interesante aquí: Lección de Historia en Roma […]

  16. jajajajaja yo jugue con los brutos y la verdad, no me enrroye tanto la vida, desde el primer segundo q vi q el senado me habia ordenado el suicidio d mi lider, comprendi que esto seria guerra de un modo u otro, asi q de inmediato empezo la guerra xD

    soy mujer y amo este juego 🙂

  17. Los Julii son un dolor de cabeza, yo jugué con los Brutii y ya tenía todo el mapa conquistado para el 180 B.C 😀

    Soy un amante de la cultura romana gracias a este juego y a la trilogía de Africanus escrita por Santiago Posteguillo, deberían leerla por si no lo han hecho haha.

    Saludos desde México.

    P.D: Allá arriba vi una imagen de cuando ganas la campaña con la casa de los Julii y como es posible acabarla en el 244 B.C WTF!!?

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