Desarrolladores de videojuegos y conciencia social

Para bien o para mal, la imagen que el sector de los videojuegos proyecta al público se encuentra vinculada a la de los títulos conocidos como Triple A, que vienen a ser el equivalente videojueguil de las superproducciones de Hollywood. Estos títulos vienen precedidos de una gran campaña de marketing -donde el objetivo es crear las mayores expectativas o “hype” posibles-, acaparan las portadas de numerosas revistas incluso antes de ser lanzados al mercado y alcanzan las más altas puntuaciones en todos los apartados técnicos. Su jugabilidad es muy pulida, destacan por su “espectacularidad” y suelen ofrecer lo que llaman “una experiencia cinematográfica”. Sin embargo, salvo honrosas excepciones, no despliegan demasiada originalidad, siendo generalmente secuelas o precuelas de  series ya establecidas.

La escasa originalidad de algunos de estos títulos tiene una explicación sencilla: el elevado coste que conlleva crear un juego técnicamente casi perfecto y la campaña de marketing correspondiente han de rentabilizarse vendiendo gran número de copias. De ahí que generalmente estos títulos no sean muy arriesgados y ofrezcan sólo “más y mejor” de lo que ya conocíamos. Pero el miedo a arriesgar no sólo es patente en el apartado jugable, sino también en los personajes y aspectos narrativos de estos títulos. Un artículo anterior, El protagonista genérico de los últimos años, reflejaba ya esta tendencia.

Que la mayoría de los héroes de estos títulos sean varones, blancos, musculosos y con un aire de chulería (o mujeres con figuras imposibles) no tiene misterio alguno: cuando se invierte tal cantidad de dinero en un juego es necesario apelar al sector demográfico/consumidor mayoritario. Esta estrategia es comprensible para minimizar pérdidas económicas, pero termina marginando a quienes o bien no pertenecen a este sector, o bien forman parte de él pero no comparten los gustos de la mayoría. El mundo de los videojuegos es lo suficientemente diverso como para acoger a estos dos últimos grupos, tanto en la propia industria como en el sector independiente. Sin embargo, y repitiendo la idea que expusimos al principio, estos espacios rara vez tienen impacto alguno en la percepción pública que se tiene de los videojuegos, dominada por los grandes lanzamientos.

Con todos estos datos cabe pensar que entre los desarrolladores de títulos dirigidos al público mayoritario no hay demasiada conciencia social ni preocupación por grupos que se alejen del sector demográfico principal. Si a ello unimos su silencio en cuanto a temas que se desvían de las típicas preguntas de la prensa especializada (basadas en opciones como la modalidad multijugador o los aspectos técnicos), puede ser relativamente fácil llegar a esta conclusión. Quizá por ello el intercambio entre Bastal (forero) y David Gaider (escritor jefe de Dragon Age y su secuela) en el foro de BioWare es un evento que merece especial atención. En los próximos párrafos encontrarán la traducción parcial de este inaudito intercambio.

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La importancia del liderazgo en las webs de videojuegos

Hace unos meses leí un artículo titulado “la importancia del liderazgo en las webs de videojuegos”, escrito por Alex Raymond en el blog While Not Finished. Se trataba de uno de esos textos que pensé en traducir pero nunca veía el momento oportuno.

Bien, hace unos días Reikax me mandó este vídeo, publicado originalmente en Games Ajare, Tetas y Videojuegos. No apto para menores.

[Tras verlo decidí que era el momento de publicarlo.

He añadido varios hipervínculos que no aparecen en el artículo original ya que éste hace referencia a varios blogs estadounidenses que probablemente no sean familiares a muchos de los lectores hispanohablantes. Como siempre, advierto que no estoy de acuerdo en todo, pero eso no quita que diga cosas muy acertadas. Les dejo con mi traducción parcial:

La importancia del liderazgo en las webs de videojuegos

Alex Raymond

A pesar de que los bloggers digan que no tienen control sobre lo que todo tipo de gente pueda decir en internet, en realidad tienen mucha influencia sobre la comunidad creada en sus propios espacios, incluso sin llegar a tener que moderar los comentarios: se trata del tono.

El tono es la razón por la que Destructoid y Kotaku están llenos de sexismo. Cuando uno publica titulares como Jade Huele Bien en el Festival de Juegos de Londres, cuando subes imágenes de modelos de las ferias del videojuego que son irrelevantes para tu entrada, cuando piensas que la cúspide del humor es utilizar la palabra “pussy” [una referencia a los genitales femeninos] tantas veces como sea posible, no sólo estás comportándote de forma sexista, sino que estas invitando a gente sexista a tu sitio, haciéndoles sentir como en casa, y al mismo tiempo alienando a muchas mujeres y hombres no sexistas. Son realmente los editores quienes construyen las comunidades de sus blogs y páginas web.

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God Hand es el nuevo Final Fight

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Encontré una interesante crítica del videojuego God Hand en el blog Token Minorities. Su premisa: ¿podría toda la exageración aparecida en este título ser una crítica velada al sinsentido e insensibilidad de los Final Fights y otros juegos de pelea de la Vieja Escuela? A continuación les dejo con la traducción del artículo.

God Hand es el nuevo Final Fight

Pat Miller

Para quienes no lo conozcan: God Hand. El anuncio lo dice todo.

Conseguí mi copia de God Hand tras una recomendación en los foros de Select Button, donde la gente lo aclamó de forma abrumadora como uno de los mejores juegos de PS2. Mis gustos no siempre se alinean con los de muchos de sus miembros, pero suelen proveer sugerencias interesantes, cuanto menos. Y para que quede claro; si esto fuera un análisis del juego, estaría hablando de cómo God Hand se encuentra entre mis cinco títulos favoritos de PS2, sin lugar a dudas. Pero como no lo es, no lo voy a hacer. Prefiero hablar de las cosas sobre las que me gusta hablar (…).

God Hand es el Final Fight de la generación de videojuegos 3D (…). God Hand transmite esa sensación a los usuarios de de PS2. Final Fight tiene a Poison, un personaje originalmente femenino que Capcom USA redefinió como un transexual que había pasado de varón a mujer tras una operación porque creían que golpear a transexuales era más apto “para toda la familia” que golpear a mujeres. God Hand tiene los exageradamente gays Mr. Gold and Mr. Silver, la técnica de azotar [en el trasero] que sólo puede emplearse contra enemigos femeninos, un Elvis latino gordo como jefe principal, una lucha contra un jefe que comienza [con la frase] “¡la única puta que necesita entrenamiento aquí eres !, y un personaje femenino no combatiente que, tras ser rescatada de la tortura de los enemigos, te dice: “Me estuvieron azotando una y otra vez… pero entonces sucedió lo más extraño. ¡Comenzó a gustarme!”.

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Los videojuegos son positivos. ¿El argumento que nos interesa?

Un informe del Comité de Mercado Interno y Protección al Consumidor del Parlamento Europeo ha concluido que los videojuegos contienen aspectos beneficiosos para los usuarios.

Los resultados de la investigación ya habían sido tratados en otros estudios: los videojuegos estimulan el pensamiento estratégico e innovador, la creatividad y la cooperación. Sin embargo, lo realmente importante de esta noticia no son tanto los resultados extraídos como la institución que los confirma, ya que el Parlamento Europeo parece que será menos propenso a solicitar una legislación restrictiva unificada a consecuencia del informe.

Unos días antes de esta noticia, Edge Online también publicaba un artículo sobre los beneficios de jugar a videojuegos, siendo 15 de ellos los más claros:

  • Desarrollo de la empatía en gente joven 
  • Terapia para combatir el estrés post-traumático 
  • Distracción del dolor 
  • Rehabilitación física 
  • Agudeza visual
  • Coordinación mano-ojo 
  • Simulación de experiencias reales 
  • Resolución de problemas
  • Avivar la imaginación 
  • Salud cognitiva
  • Entender cómo piensan otros
  • Socialización
  • Desarrollo tecnológico 
  • Exer-gaming (juegos de ejercicio)
  • Diversión

Cada uno de estos puntos se trata en detalle en el artículo original.

A todos los aficionados al videojuego nos alegra leer informes como el del Parlamento Europeo o artículos como el de Edge Online, principalmente porque funcionan como contrapeso frente a otros estudios que han investigado los aspectos potencialmente negativos del medio. Sin embargo, como acertadamente me comentó Sparky al poco de leer la noticia:

Aunque algo puede haber de cierto en todo esto, tampoco soy demasiado partidario de “vender” los videojuegos de esta forma. A ver si me explico: el cine, la literatura y otras formas de expresión cultural “mayores” han alcanzado un alto grado de aceptación social sin que nadie -creo yo- haya tenido que cantar por ahí supuestas bondades terapéuticas.

Como he dicho otras veces en este blog, hemos de poner en duda la supuesta objetividad de los investigadores que realizan este tipo de estudios, ya sean sobre los aspectos positivos o negativos de los videojuegos. El más claro ejemplo de subjetividad lo encontramos en las propias preguntas que motivan este tipo de investigaciones: ¿son los videojuegos perjudiciales o beneficiosos? Como habrán notado, son el tipo de preguntas que rara vez (si alguna) nos hemos hecho los propios jugadores, y la razón es la misma por la no nos hemos cuestionado los efectos que tiene ver una película: consideramos que hay que analizar el cine por su mérito artístico y no en relación a las habilidades que ayude a desarrollar o los trastornos que pueda ocasionar, ya que éstos son generalmente imperceptibles*.

Los estudios que analizan las bondades de los videojuegos siempre son de agradecer, pero muchas veces suponen llevar el debate sobre la validez del medio al terreno educativo en lugar de al terreno artístico. La vertiente educativa ha de examinarse, pero desde luego no es deseable que la aceptación social de los videojuegos dependa de ella, por las mismas razones que no lo sería en el caso de otros medios.

Dicho esto, no va a ser  fácil que los videojuegos consigan aceptación social como forma artística a corto plazo, y buena parte de culpa la tiene el propio sector.

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Por qué la industria no es tu amiga (2 de 2)

¿Videojuegos para adultos?

No cabe duda de que Estados Unidos es uno de los mayores productores y consumidores de videojuegos del mundo. Lo que no es tan conocido es la forma en la que la industria permite que la particular moral de este país determine el contenido de los títulos que llegan a Europa.

En el sistema europeo PEGI las clasificaciones más altas son 16+ y 18+. Esta última se considera para adultos, y por tanto puede contener sexo y extrema violencia. En Estados Unidos y cualquier otro país que utilice el sistema ESRB, por otra parte, las clasificaciones más altas son M (Mature, de 17 años en adelante) y AO (Adults Only, a partir de 18 años).

A primera vista la diferencia parece mínima, pero en realidad la clasificación AO supone una sentencia de muerte para cualquier videojuego. Esto ocurre porque se asocia automáticamente con el sexo, la pornografía y la extrema violencia. Las grandes superficies y la mayoría de las tiendas se niegan almacenar o comercializar productos que contengan la clasificación AO, por lo que sólo pueden venderse por internet. Lo más importante, sin embargo, es que tanto Sony como Nintendo y Microsoft se niegan a otorgar la licencia a productos que obtengan dicha clasificación, y por tanto no pueden utilizarse en sus consolas. Esto deja al ordenador como la única plataforma capaz de albergar este tipo de juegos.

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Por qué la industria no es tu amiga (1 de 2)

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La palabra fanboy, aunque puede contener numerosas vertientes, suele identificarse en el mundo de los videojuegos con la lealtad de un usuario a un determinado fabricante de consolas, actualmente Nintendo, Sony o Microsoft. Que alguien se dedique a defender una compañía cuyo único propósito es obtener su dinero puede parecer insólito en una sociedad de consumo, pero la explicación suele estar relacionada con el apego emocional que los aficionados han desarrollado en su infancia y/o adolescencia hacia marcas que durante años han sido para ellos sinónimo de momentos inolvidables. En no pocas ocasiones, por otra parte, ésta actitud se debe también al sacrificio financiero que conlleva comprar una consola y al tiempo invertido en ella, factores que llevan al jugador a defender su opción como la mejor posible.

El fanboy, aunque puede ser un consumidor exigente que empuje a la industria a dar más de si misma, muchas veces también se convierte en una figura acrítica e irracional que justifica cualquier cosa que haga su compañía favorita, aunque vaya en contra del sentido común. El fanboy es una figura singular porque puede presentar ambas facetas (en principio contradictorias) dentro de la misma persona.

En éste artículo pretendo explicar por qué la figura del fanboy ha de reconvertirse o morir si quiere que la industria tome a los aficionados en serio. Ser un consumidor exigente puede ser provechoso para el medio, ser leal a una empresa que trabaja contra nuestros intereses, no.

Las tres grandes compañías (Sony, Nintendo y Microsoft) han demostrado en más de una ocasión que no les importa pisotear a sus consumidores cuando se trata de obtener beneficios. La Xbox 360 lleva dañando discos desde hace años con el conocimiento de Microsoft, que sólo se ha comprometido recientemente a descambiar una docena de títulos. Sony dejó patente que el mercado europeo era de segunda clase al retrasar por meses el lanzamiento de la Playstation 3, no actualizando Playstation Home, y debilitando el sistema de compatibilidad con sus anteriores modelos. Podríamos hablar largo y tendido de todo lo que han hecho Sony y Microsoft. Sin embargo, me centraré en dos ejemplos de Nintendo, ya que serán más ilustrativos para explicar por qué los fanboys han de cuestionarse su lealtad a las compañías que defienden con fervor. 

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La pérdida de la autoridad moral: la corrupta industria y sus corruptos detractores (1 de 3)

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Los usuarios estamos acostumbrados a la corrupta actitud de la industria del videojuego. El caso más reciente lo protagonizó Eidos, solicitando a numerosas revistas que no publicaran los análisis del título Tomb Raider: Underworld que presentaran notas inferiores a 8 sobre 10.

Esta vez, sin embargo, la corrupción ha alcanzado una nueva frontera: los detractores del sector.

El 4 de diciembre de 2007, NIMF (National Institute on Media and Family), una organización estadounidense conocida por sus fuertes críticas hacia la industria del videojuego, publicó su informe anual donde otorgaba notas al sector en varias categorías. A continuación les muestro los resultados (páginas 11-12):

  • Atención prestada por los padres (si se involucran en lo que compran sus hijos): C
  • Información presentada por la ESRB en cuanto a la clasificación por edades (si la organización promueve activamente la educación de los padres en cuanto a las clasificaciones): B-
  • Política de los comerciantes (si los vendedores están informados sobre las clasificaciones): C-
  • Aplicación de la clasificación por edades (si piden identificación para comprar un juego):  comercios nacionales:  tiendas especializadas: B tiendas de alquiler: F
  • Industria del videojuego: C
  • Clasificaciones de la ESRB: C+

Ahora comparemos estos resultados con los aparecidos en el informe que la misma organización elaboró el 25 de noviembre de 2008 (página 11):

  • Atención prestada por los padres: Incompleto
  • Información presentada por la ESRB en cuanto a la clasificación por edades: A
  • Aplicación de la clasificación por edades: B+
  • Clasificaciones de la ESRB: A
  • Fabricantes de consolas de videojuegos: A

Como habrán podido comprobar, la nota más baja en 2008 (B+) no fue alcanzada por la industria en ninguno de los apartados el año anterior, y en el informe más reciente incluso ha conseguido tres sobresalientes (A). ¿Qué ha cambiado de un año para otro?

Como ya ocurriera con sectores de la prensa del videojuego, la ESA (Entertainment Software Association), organismo que representa los intereses de la industria del videojuego en Estados Unidos, decidió comprar la opinión del NIMF, ofreciéndole una donación de 50,000 dólares, que fue aceptada por dicha institución un mes antes de la publicación del informe. Una vez más, la verdadera calidad moral de los detractores del sector sale a relucir. Y bueno, a la industria ya la conocemos sobradamente. Podría haberse defendido con argumentos, que los hay de sobra, para contrarrestar la opinión del NIMF. ¿Pero para qué debatir, cuando se puede resolver el problema a golpe de talonario?

Aunque la industria sale muy malparada con esta historia, como en el caso de otras empresas cuyo único objetivo es hacer dinero, su actitud no nos sorprende demasiado. Sin embargo, dado el manto de moralidad con el que se engalanan sus detractores, las consecuencias para el NIMF son mucho más graves. Como señalaba Gamepolitics: “hay ciertas líneas que una organización como NIMF no debería cruzar. Y aceptar dinero de la misma industria que clama estar vigilando es una de esas líneas. Quizá la más grande y brillante de todas ellas”.