Jugando a Solas

El artículo que voy a reproducir a continuación es mi traducción de una columna escrita por Bonnie Ruberg para Joystiq. Su título original es “Playing with Ourselves“, y lo he traducido libremente como “Jugando a Solas”.

Jugando a Solas

Bonnie Ruberg

“Dios sabe lo que estará haciendo a solas. Es raro. Lo que quiero decir es que no sale por ahí con otros chicos. Seguro que está jugando a videojuegos.”

Atrapada en el asiento de la peluquería con mi cabello a medio cortar, escucho a una peluquera de cuarenta y tantos años describir a su hijastro. Quizá os suene familiar: simpático pero tímido, con un ligero sobrepeso, inteligente, le gusta la fantasía (“las cosas de dragones”). Por el contrario, su hijo monta en bicicleta con frecuencia y tiene docenas de amigos. ¿Qué le pasa a este chico?

Tomen nota de como la especulación sobre jugar a videojuegos se escupe inmediatamente con desprecio añadido. ¿Cual es la actitud más antisocial que se le puede ocurrir a esta mujer cuando piensa en un niño de doce años? ¿Lo que hace a solas, en su habitación, cuando no hay nadie más? Videojuegos. Después de todo, es esta habilidad para divertirse en solitario lo que realmente le fastidia. Él se encuentra feliz estando a solas. Aparentemente hay algo sobre esta situación que es antinatural, o incluso sucia.

Tampoco es la única persona que piensa así. Para la mayoría de nosotros los videojuegos representan diversión, exploración e incluso camaradería. Pero para una parte considerable del público americano, son propios de varones vagos, solitarios y con una vida desastrosa; para niños; para holgazanes. La popular imagen de los medios de comunicación que muestran al jugador como un fanático corpulento de mediana edad todavía es la predominante. Incluso cuando todo el mundo juega, los videojuegos mantienen su propio estigma social.

El solitario jugador se sienta, presionando fanáticamente los botones del control que se encuentra en su regazo. Grand Theft Auto quizá haya creado el contrapunto, pero normalmente escenas como ésta no son consideradas peligrosas, sólo irrisoriamente “tristes”. Un jugador más, jugando a solas, de nuevo una y otra vez. En algún momento, la línea que separa a videojuegos y masturbación comienza a diluirse.

Con esto no quiero decir (como muchos detractores del medio podrían pensar) que jugar a videojuegos sea una forma de masturbación -al menos no en su sentido negativo- pero considerad cómo pueden percibir los videojuegos vuestros padres, extraños al medio: excitantes pero completamente unilaterales. O quizá es la audiencia que se asocia a los videojuegos la que los vincula a la masturbación. Adolescentes reprimidos; adultos frustrados. Siempre varones. Desde luego esto nos hace pensar sobre la masturbación como un acto propio del varón, o al menos como un estigma propio de la condición masculina.

Sin embargo la conexión cultural entre videojuegos y placer solitario sólo acaba de comenzar. Está aquí, aunque no pensemos en ella. Hay que admitir que existe un componente sexual en el juicio de valor de la original, acusatoria y asqueada mofa: “seguro que está jugando a videojuegos.”

Aunque si es la naturaleza “antisocial” de los videojuegos lo que los vincula a la masturbación ¿por qué otras actividades que se realizan en solitario -como leer, por ejemplo- no son estigmatizadas de la misma manera? Cierto, leer no te va a hacer popular, pero al menos una madrastra jamás se ha lamentado diciendo “no tiene amigos. Seguro que está leyendo.”

La diferencia fundamental se encuentra en la idea de juego, especialmente en lo que se refiere a jugar a solas. El juego sugiere la existencia de un diálogo, de movimiento, de una respuesta dinámica. En los videojuegos lo llamamos interactividad. En el sexo lo llamamos… bueno, aquello que sienta bien. Alguien toca, besa, lame; otra persona experimenta placer.

El problema de la masturbación es que toda la interacción ocurre con una sola persona. Al igual que un jugador delante de la pantalla de un ordenador, causa y efecto se encuentran dentro de un circuito cerrado.

Y quizá eso es lo que hace que ambas, masturbación y jugar a videojuegos, sean actividades tan poco aceptadas. Al reírse de aquel que se masturba (o juega a videojuegos), la sociedad está intentando limitar el poder del individuo que se vale por si mismo; que no necesita a nadie; que se encuentra feliz jugando a solas.

En cuanto a jugar con otras personas, en la misma habitación o por internet: quien sabe, quizá algún día la idea sea tan aceptada y parezca tan sensual como encontrar un compañero de cama.

Aquí termina el artículo.

Estemos de acuerdo o no con su relación entre masturbación y utilizar videojuegos en solitario, creo que se trata de un punto de debate interesante.

En mi opinión sí que se muestra una relación (normalmente inconsciente) entre ambas actividades. A continuación os voy a mostrar una imagen que no tiene vinculación alguna con este artículo, y que de hecho he publicado anteriormente en otro contexto.

Ciertamente, por la forma en que agarra el joystick, cómo lo agita y la expresión de su cara, bien podría estar masturbándose.

Estas otras no son tan claras, pero también es posible interpretarlas del mismo modo. La primera se enfoca en el regazo del jugador, donde sostiene el mando con sus manos. En la segunda podemos ver el rostro desencajado de otro usuario, que parece estar volviéndose loco… ¿de placer?

¿Contribuye esta asociación inconsciente al rechazo social que existe sobre el uso de videojuegos? ¿Qué opináis?
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